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¿Quién es?

Nació en Montevideo, Uruguay, el 27 de febrero de 1952. Durante su infancia no fue mucho al cine, pasaba las primaveras y los veranos montevideanos jugando en la calle con sus amigos, y buena parte del otoño en los tablados del largo carnaval uruguayo. Sin embargo, de esa época recuerda los primeros festivales de Tom y Jerry, El gran gorila (Mighty Joe Young, 1949) de Ernest B. Schoedsack, A la una de la madrugada (One A. M., 1916) de Charles Chaplin, Una Eva y dos Adanes (Some Like it Hot, 1959) de Billy Wilder, algunas cortos del Gordo y el Flaco exhibidos al aire libre sobre una pared más o menos blanca, y los westerns de Hopalong Cassidy y Red Ryder vistos en el salón parroquial del barrio, donde alguna vez se coló Viaje a los tiempos prehistóricos (Cesta do praveku, 1955) de Karel Zeman.

Su pasión por el cine comenzó en la adolescencia, al inicio de los sesenta, con las matinés que iniciaban a las dos de la tarde y terminaban casi a las nueve de la noche, e incluían tres películas, que iban desde Francis Drake, el corsario de la reina (Il dominatori dei sette mari, 1963) de Rudolph Maté y Primo Zeglio a El fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera, 1962) de Terence Fisher, o 20 kilos de líos (40 Pounds of Trouble, 1962) de Norman Jewison.

El giro a la cinefilia ocurrió a mediados de 1969, cuando decidió asociarse a Cine Universitario del Uruguay, una increíble institución con varios miles de socios, una programación de gran calidad y un poder económico envidiable. La primera función en la sala de Cine Universitario resultó una prueba de fuego: El desierto rojo (Il deserto rosso, 1964) de Michelangelo Antonioni, una película muy diferente a todas las que había visto antes. A partir de entonces, los días se repartieron entre el trabajo, la asistencia a la Facultad de Química y, por las noches, a Cine Universitario, primero únicamente como espectador, después como integrante de un recién creado Departamento de Filmaciones y posteriormente como miembro del Consejo Directivo durante dos periodos, 1971-1973 y 1974-1975, hasta que la institución fue clausurada por la dictadura y la directiva proscripta. En esos años descubrió a Ingmar Bergman, la nueva ola francesa, el nuevo cine alemán, a Miklós Jancsó, al cinema novo brasileño y casi todo el cine que hasta hoy disfruta.

Fue entonces cuando ingresó a la Cinemateca Uruguaya, una institución con la que ya tenía una estrecha relación, desde años atrás. Cuando la dictadura tomó en poder en Uruguay, en 1973, la Cinemateca Uruguaya enfrentaba una situación muy difícil y estuvo a poco de desaparecer. Sin embargo, en un golpe maestro, consiguió superar la crisis con un crecimiento inesperado, con cuatro o cinco salas repartidas por la ciudad de Montevideo y una programación de calidad cercana al centenar de películas mensuales. En la Cinemateca Uruguaya revisó copias, las repartió por las diversas salas, atendió al público e incluso reconstruyó, de manera un poco inconsciente, el primer largometraje uruguayo, Almas de la costa (1923) de Juan Antonio Borges.

El paso a México, a fines de 1976, fue relativamente sencillo. Unas líneas de la Cinemateca Uruguaya a la Filmoteca de la UNAM, de Manuel Martínez Carril a Manuel González Casanova, y a pocos días de llegar comenzó a trabajar en la Filmoteca, donde estuvo más de una década. El salto a la crítica de cine se dio de forma accidental. Durante 1977, cuando la Filmoteca estaba ubicada sobre una gasolinera de la calle Insurgentes, el espacio se repartía con el grupo de investigación que coordinaba Emilio García Riera. La proximidad física pronto dio lugar a la amistad y cuando surgió el periódico Unomásuno, fue invitado al equipo de colaboradores de cine, un equipo muy amplio al principio pero que poco a poco se fue reduciendo. En Unomásuno permaneció más de veinte años.
En 1980, del periódico Unomásuno surgió el semanario Tiempo Libre, donde ha estado a cargo de la crítica y las carteleras de cine hasta el día de hoy. Ha escrito en diversas revistas (Cine, Imágenes, Dicine, Cinemateca Uruguaya, Vértigo, Complot Internacional), participado en programas de radio y televisión y dado cursos de historia y apreciación cinematográfica en muchas instituciones (UNAM, Universidad Iberoamericana, Universidad Anáhuac, IFAL, Instituto Helénico, Librería El Juglar, Cinemanía, Cinefilias).

Ha publicado los libros El cine de luchadores (Filmoteca de la UNAM, 1984) y Alfredo Ripstein. Churubusco-Babilonia (El Milagro, 2007), y colaborado en varias publicaciones colectivas, como Arturo Ripstein, Filmemacher aus Mexico (Filmfest München, RFA, 1989), Le cinéma mexicaine (Centre Georges Pompidou, Francia, 1992), Mexican Cinema (British Film Institute-Imcine, Londres, 1995), Gabriel Figueroa y la pintura mexicana (Museo Carrillo Gil, 1996) y Le età d’oro del cinema messicano 1933-1960 (XV Festival Internazionale Cinema Giovani, Italia, 1997).

Por esa labor, desarrollada a lo largo de más de treinta años, ha sido invitado a varios festivales de México y el extranjero, entre ellos los de Lille en Francia, Valladolid y Huelva en España, Bafici en Argentina, Mannheim-Heidelberg en Alemania, San Juan Cinemafest en Puerto Rico, Chicago en Estados Unidos, La Habana en Cuba, Troia en Portugal, Cartagena en Colombia y Lima en Perú. En varios de ellos se desempeñó además como miembro del Jurado.

Desde comienzos del año 2007, es subdirector de programación de la Cineteca Nacional, nombramiento que lo llevó a aplicar sus conocimientos y su experiencia sobre el cine a una actividad bastante diferente a las anteriores. Mantener una programación atractiva e interesante para el gran público que asiste a la Cineteca Nacional, una institución de larga trayectoria y mucho prestigio, significó un nuevo reto, para combinar de una forma efectiva las diferentes películas, alternando los ciclos retrospectivos con los títulos de estreno, las miradas sobre la historia con las funciones de divulgación, atendiendo a un público cinéfilo, pero muy heterogéneo en edades e intereses.