Kill Bill, Volumen 1: la venganza

Luego de sobrevivir a una sangrienta masacre, llevada a cabo por su jefe y sus compañeras, una asesina a sueldo permanece en coma durante cuatro años. Al recuperar el conocimiento, la mujer decide vengarse de quienes destruyeron su vida al matar a su prometido y al hijo que llevaba en las entrañas.



Luego de escapar del hospital en que está internada, viaja a Okinawa para ver al mejor fabricante de espadas. Con un arma excepcional en sus manos, se dirige a desarrollar su misión, que tiene como punto más alto el enfrentamiento con O-Ren Ishii, despiadada cabeza de la mafia japonesa, a quien derrota luego de un largo combate.

Los inicios del joven Quentin Tarantino fueron sin duda promisorios. Con menos de treinta años, el cineasta nacido en 1963 saltó a la fama con una película excepcional en el panorama del cine hollywoodense: Perros de reserva. Más allá de sus detractores, que los tuvo, y de las múltiples y muy visibles influencias, esta opera prima no sólo llamó la atención por su estilo sino que además se convirtió en una referencia casi obligada para buena parte del cine posterior. Sin responsabilidad por parte de Tarantino, puede decirse que para bien y para mal influyó en casi todo el cine joven posterior. Perros de reserva obtuvo el premio de la crítica en el Festival de Toronto; su siguiente película, Tiempo violentos, consiguió en cambio la Palma de Oro en el Festival de Cannes. El derrotero de Tarantino parecía marcado. Sin embargo, la inventiva del director pareció agotarse luego de dos películas dirigidas y algunos guiones, y ni los premios ni el prestigio consiguieron sostenerla.



Si tardó tres años para realizar Jackie Brown, la estafa (1997), que ya aparecía como una película menor con relación a las dos primeras, tuvieron que pasar casi siete años más para que reapareciera con su cuarto opus, Kill Bill, volumen 1: La venganza, en el que lo que queda del cineasta son sus valores más superficiales. A estas alturas, incluso es posible dudar si en algún momento existieron otros, o si toda su originalidad se limitaba a una puesta en escena artificiosa, estructurada con inteligencia. Para mantener su sello, su marca de fábrica, Tarantino anuncia su obra como “la cuarta película de...”, pero su firma no es suficiente para sostener el falso andamiaje.

Es cierto que buena parte del público y de la crítica se ha dejado engañar con bastante facilidad por las habilidades de Tarantino. Pero incluso poniéndose en un plan poco exigente; es decir, decidido a disfrutar de una película de artes marciales que no intenta ser más que un violento y estilizado despliegue coreográfico, son demasiadas las concesiones de un cineasta que parecía más riguroso. Concesiones que tienen que ver tanto con el desarrollo de la anécdota como con su propia estructura. Luego de casi dos horas, uno siente que todo se ha quedado en el adorno, que la saga ha llegado a la mitad y aun no se ha profundizado en nada, que todo es arbitrario (desde la secuencia en dibujos animados para narrar el origen de O-Ren Ishii o la fabricación de la espada, hasta la presencia de la sádica adolescente Go Go Yubaki) y por lo mismo cuestionable: ¿Luego de cuatro años en coma, de haber sido torturada y violada, el personaje no tiene ninguna secuela? ¿En qué lugar había guardado su pasaporte y su dinero, para viajar rápidamente a Okinawa?



Puede argumentarse sin duda de que estos cuestionamientos no son muy importantes. Pero el problema es que nada es importante. Quentin Tarantino decidió asumir Kill Bill como un juego gratuito, intrascendente y banal, y el resultado es un juego gratuito, intrascendente y banal. Decir que eso es lo que buscaba el cineasta no parece suficiente descargo, en la medida en que es lo mismo que se proponen (y consigue) la mayor parte de los directores hollywoodenses. Que Quentin Tarantino es mejor que la mayoría de ellos no está en discusión, sino el hecho de que aquí prácticamente no se nota. El final de Kill Bill anuncia una secuela ya filmada. Entonces por lo menos por un rato seguiremos añorando al Tarantino de Perros de reserva e, incluso, de Tiempos violentos.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1233, 12/25/2003)



KILL BILL (KILL BILL: VOL. 1) Estados Unidos, 2003 / Realización: Quentin Tarantino / Guión: Quentin Tarantino y Uma Thurman / Fotografía: Robert Richardson / Dirección artística: Yohei Taneda y David Wasco / Música: Lily Chou Chou, RZA y D. A. Young / Sonido: Scott Sanders / Edición: Sally Menke / Producción: Lawrence Bender, Miramax Films-Band Apart-Super Cool ManChu / Distribución en México: Buena Vista / Intérpretes: Uma Thurman (la novia), David Carradine (Bill), Lucy Liu (O-Ren Ishii), Daryl Hannah (Elle Driver), Vivica A. Fox (Vernita Green), Michael Madsen (Budd), Michael Parks (Earl McGraw), Sonny Shiba (Hattori Hanzo), Chiaki Kuriyama (Go Go Yubaki), Julie Dreyfus (Sofie Fatale) / Duración: 111 minutos.