El hijo de la novia

Con poco más de cuarenta años de edad, Rafael Belvedere lleva una vida extremadamente agitada, en la que el tiempo nunca le alcanza.



Se esfuerza por sacar adelante el restaurante familiar (ahora en sus manos), tal vez el símbolo de su éxito, porque su existencia personal es un desastre: se ha divorciado de su esposa, apenas le dedica tiempo a su hija, evita comprometerse con su pareja actual, no tiene amigos y ni siquiera ve a su madre, que sufre el mal de Alzheimer y está internada en una casa para ancianos. Toda esa tensión acumulada termina por provocarle un infarto. Y la proximidad con la muerte hace que Rafael Belvedere reconsidere su existencia y sus prioridades, y reconstruya sus relaciones.

El hijo de la novia es la primera película que se conoce en México del director argentino Juan José Campanella, nacido en Buenos Aires en 1959, con estudios de cine en la Universidad de Avellaneda y posteriormente en la Universidad de Nueva York, quien desde 1989 trabaja tanto para el cine como para la televisión, alternando su labor entre Estados Unidos y Argentina. Sin embargo, aunque nunca llegaron a México, otros títulos previos del director también alcanzaron reconocimientos críticos y del público: El niño que gritó puta en 1991 y El mismo amor, la misma lluvia en 1999.



El estreno un tanto tardío de El hijo de la novia (inauguró la Muestra de Guadalajara hace casi un año), viene precedido de premios, exhibiciones exitosas y una nominación al Oscar que sin duda tuvo resultados positivos en la taquilla. Aunque hay que decir que la película tiene con que defenderse: una realización profesional en el mejor sentido estadunidense del término (correcta, efectiva, quizás no demasiado inspirada), un reparto estupendo y, sobre todo, un guión del propio director y Fernando Castets que si no es especialmente original (la crisis de los cuarenta ha sido siempre un asunto recurrente), permite un tratamiento ingenioso, irónico y divertido de un tema que podría haber tendido hacia los excesos melodramáticos.

Sobre todo, porque una de las líneas secundarias de la película, narra lo que anuncia el título: el padre de Rafael decide hacer realidad el sueño juvenil de su esposa (ahora víctima del mal de Alzheimer) y casarse por la iglesia. Afortunadamente, incluso estas escenas Campanella las maneja con bastante tino. Tienden a la cursilería, pero están bastante contenidas. Finalmente, las tablas de Norma Aleandro y Héctor Alterio pesan y las mantienen en el tono justo (no es tarea fácil para un actor representar a un personaje con Alzheimer).



Pero quien sostiene la película es indudablemente Ricardo Darín, un actor que últimamente se ha revelado como una de las figuras más destacadas del cine argentino, primero en Nueve reinas de Fabián Bielinsky y ahora en El hijo de la novia, en ambas muy bien secundado, por Gastón Pauls y por Eduardo Blanco, respectivamente. En Rafael Belvedere resulta muy creíble esa ironía profundamente ácida, dirigida tanto hacia él mismo como hacia los demás, que busca ocultar la frustración y la insatisfacción por una vida todavía no realizada. La simpatía natural del personaje y la sonrisa con que es capaz de decir cosas profundamente hirientes, pero generalmente inteligentes y casi siempre ciertas, atrapan al espectador y son el elemento fundamental para que la película funcione.

Claro que si El hijo de la novia resulta divertida es en buena medida gracias a una sucesión de chistes y retruécanos hábiles. Es cierto. Sin embargo, si la película abusa de la palabra, hay que decir también que no se trata de diálogos discursivos ni solemnes, algo que hay que agradecer. Finalmente, es una película menor, destinada al gran público. Eso no tiene nada de malo, obviamente. Pero basta ver la cartelera comercial para constatar que la idea de cine comercial suele estar profundamente ligada, sobre todo en el cine hollywoodense, a la idea de tontería o de vulgaridad. En cambio, El hijo de la novia no ofende a la inteligencia y entretiene bastante más que Casarse está en griego. A algunos quizás no les parezca mucho, pero tal como están las cosas resulta, por lo menos, suficiente para no sentirse defraudado.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1187, 02/06/2003)



EL HIJO DE LA NOVIA (Argentina-España, 2001) Realización: Juan José Campanella / Guión: Juan José Campanella y Fernando Castets / Fotografía: Daniel Shulman / Dirección artística: Mercedes Alfonsín / Música: Angel Illarramendi / Sonido: José Luis Díaz Ouzande / Edición: Camilo Antolini / Producción: Adrián Suar y Gerardo Herrero, Pol-Ka Producciones-Patagonik Film Group-Jempsa-Tornasol Films / Distribución en México: Artecinema de México / Intérpretes: Ricardo Darín (Rafael Belvedere), Héctor Alterio (Nino Belvedere), Norma Aleandro (Norma Belvedere), Natalia Verbeke (Naty), Eduardo Blanco (Juan Carlos), Gimena Nóbile (Vicky), Claudia Fontán (Sandra), David Masajnik (Nacho), Atilio Pozzobon (Francesco), Salo Pasik (Daniel) / Duración: 124 minutos.