La hija del caníbal

Cuando está en el aeropuerto de la ciudad de México, dispuesta a viajar de vacaciones a Brasil, la escritora de relatos infantiles Lucía, descubre la desaparición de su esposo. Poco tiempo después, un grupo clandestino se hace responsable de su secuestro y exige una cantidad de dinero por liberarlo.



Mientras tanto, Lucía traba relación con dos vecinos, un viejo anarquista español y un joven inexperto, que la ayudarán en la complicada búsqueda de su marido y a descubrir otro mundo al margen de su vida rutinaria y de la crisis de sus relaciones.

La hija del caníbal es el segundo largometraje dirigido por Antonio Serrano, que cuatro años atrás consiguiera un extraordinario éxito de taquilla con la adaptación cinematográfica de su obra teatral homónima (también exitosa), Sexo, pudor y lágrimas. Las recaudaciones de esa opera prima, realmente excepcionales en el panorama del cine mexicano y entre las mayores de su historia, conseguidas con una comedia ligera de presupuesto bastante modesto, llevaron a sus creadores (Serrano, Titán Producciones) a planear un segundo largometraje más ambicioso (mucho más ambicioso), ahora con la participación de Argos Comunicación (empresa para la que Serrano dirigiera también alguna telenovela de éxito) y coproducción española.



El resultado de este nuevo proyecto es La hija del caníbal, versión de la novela de la española Rosa Montero, una película que a pesar del dinero invertido en su lanzamiento se convirtió muy rápidamente en llamarada de petate: casi todos los comentarios críticos fueron adversos y, lo que a efectos prácticos tiene consecuencias mucho peores, el público que asistió a las funciones del primer fin de semana salió casi unánimemente decepcionado. Efectivamente, los creadores de Sexo, pudor y lágrimas no pudieron repetir la fórmula y, salvo que ocurra algún milagro, La hija del caníbal va camino a convertirse en un fracaso de enormes proporciones, sin posibilidades de recuperar su alto presupuesto (más de tres millones de dólares, según algunas fuentes).

En realidad, este fracaso económico sería secundario si La hija del caníbal estuviera lograda desde un punto artístico. Finalmente, en la historia del cine abundan las obras maestras que en su momento no fueron reconocidas por el público. Pero lamentablemente, no es esta la situación: lo que cuenta La hija del caníbal es una historia bastante banal y ligera, de una cuarentona que sufre una crisis al descubrir la falsedad de su vida y sus relaciones, disfrazada con una cantidad de elementos culteranos, la mayor parte de los cuales ni siquiera vienen al caso. De hecho, incluso el título resulta gratuito. Para quien no ha leído la novela, que la película se titule La hija del caníbal porque al padre de Lucía, un personaje realmente muy secundario, lo apoden El caníbal, parece una tontería.

Como el hecho de que su madre haya sido actriz de cine (y trabajado al lado de David Reynoso), que el viejo anarquista haya luchado contra Franco y en México se entrenara al lado de Fidel Castro, que el joven cite constantemente frases célebres, y que la apariencia de Lucía y su departamento cambien en varias ocasiones. Si estos elementos también están presentes en la novela y funcionan, quiere decir que lo que falla es su trasposición cinematográfica.



Tampoco es muy adecuado el reparto. No es fácil comprender porque está encabezado por una actriz argentina (Cecilia Roth, generalmente sobreactuadísima, con muy contadas excepciones como Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar), cuyos padres son en la película Margarita Isabel y Héctor Ortega (personaje bonachón a quien el apodo de caníbal realmente no le queda). O por qué para el personaje del marido, Ramón, se eligió a un comediante como José Elías Moreno. Con excepción de dos o tres papeles secundarios, todos los demás son inexplicables miscasts, elecciones equivocadas.

Es curioso además que nadie pensara que más allá de algunas diferencias anecdóticas, la película se parece muchísimo a otra cinta mexicana reciente En el país del no pasa nada, de María del Carmen de Lara, también con marido funcionario supuestamente víctima de secuestro y apuntes sobre la corrupción y la crisis de la pareja. En el país del no pasa nada fracasó porque no se encontró la forma de venderla. El fracaso de La hija del caníbal es, en cambio, porque no hay nada que vender.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1186, 01/30/2003)



LA HIJA DEL CANIBAL (México-España, 2002) Realización: Antonio Serrano / Guión: Antonio Serrano, sobre la novela homónima de Rosa Montero / Fotografía: Xavier Pérez Grobet / Dirección artística: Brigitte Broch / Música: Nacho Mastretta / Sonido: Andrés Franco y Evelia Cruz / Edición: Antonio Serrano y Jorge García / Producción: Matthias Ehrenberg, Titán Producciones, Argos Comunicación-Lola Films / Distribución en México: 20th Century Fox / Intérpretes: Cecilia Roth (Lucía), Carlos Alvarez Novoa (Adrián), Kuno Becker (Félix), Javier Díaz Dueñas (policía), Margarita Isabel (madre de Lucía), Max Kerlow (traficante de armas), Mario Iván Martínez (traficante de armas), José Elías Moreno (Ramón), Héctor Ortega (padre de Lucía), Jorge Zárate / Duración: 106 minutos.