Vicios privados, virtudes públicas

El príncipe heredero de la corona austrohúngara, Rodolfo de Habsburgo, era hijo único del emperador Francisco José I. Aunque el monarca cifraba grandes esperanzas en su hijo y trató de que siguiera la carrera militar, el príncipe Rodolfo tenía sus propios intereses, fundamentalmente la literatura y la historia.



Intelectual muy preocupado por el pensamiento moderno, era reconocido como un librepensador e, incluso, como un revolucionario que no tardó en granjearse la oposición del clero. Este comportamiento liberal del príncipe motivó el enfrentamiento con su padre, conflicto acentuado por sus actitudes morales, bastante en desacuerdo con las ideas y costumbres públicas de la época.

La tragedia de Mayerling es famosa gracias a la película homónima (Francia, 1936) que inmortalizó a Charles Boyer y a Danielle Darrieux como los apasionados amantes que deciden suicidarse ante la imposibilidad de su relación. Lo cierto es que estos amores desdichados se apoyan en una explicación bastante aceptada del asunto (el príncipe heredero mató a su amante y después se suicidó), que sin embargo no está para nada justificada por los hechos históricos. La historia real es mucho más complicada y confusa.



Esto fue seguramente lo que interesó al cineasta húngaro Miklós Jancsó cuando en 1975 se lanzó a filmar Vicios privados, virtudes públicas, una película muy próxima a sus temas característicos, en la que vuelve a incursionar en sus predilectos terrenos de la alegoría política para hablar del poder, de la relación de los hombres con el poder y la represión. En este sentido, todo el lado romántico de las anteriores versiones del asunto ha desaparecido. En manos de Jancsó, la tragedia de Mayerling adquiere un contenido claramente político: el escándalo provocado por el príncipe Rodolfo y sus seguidores no tiene otra finalidad que la rebelión contra el despotismo y el autoritarismo del emperador, a favor de la vida y contra la muerte, por la revolución y contra las estructuras anquilosadas.

Es así que el sexo adquiere un valor fundamentalmente político y subversivo, y el desnudo hace referencia, como en Salmo rojo, a la alegría de vivir y a la libertad. Y ese poder del sexo demuestra ser realmente efectivo, en tanto que hace de una fiesta un baluarte de resistencia contra la tiranía (aunque también contra el padre, ya que no se debe olvidar el carácter generacional del conflicto) que no puede menos que terminar como siempre en Jancsó: con la represión bárbara que pone las cosas en su lugar y demuestra la imposibilidad de conciliar el poder y la libertad.



Detrás de la superficie vistosa y escandalizante de Vicios privados, virtudes públicas, las ideas son las mismas de las películas más ascéticas de Jancsó, como Los desesperados y Los rojos y los blancos. A pesar de tratarse de una coproducción realizada fuera de Hungría, de abordar un tema en el que no aparece el pueblo (todo se desarrolla entre la aristocracia) y de estar construida de una forma más tradicional (en lugar de sus característicos plano-secuencias aquí hay 343 cortes), la película continúa fielmente su anterior línea de trabajo: hay la misma utilización ritual de las danzas, los cantos, la lluvia y el desnudo, los personajes, más que representar seres vivos representan ideas, y no existe una transición espacio-temporal convencional (por ejemplo, es muy difícil definir cuánto dura la fiesta y en qué lugar transcurre).

Veinticinco años después de su realización, queda claro que Vicios privados, virtudes públicas nunca significó una ruptura con el cine anterior de Jancsó. En cambio, hoy puede verse como la última película importante de un director que había marcado profundamente la década 1965-1975 con obras como Los desesperados (1965), Los rojos y los blancos (1967), Vientos brillantes (1968), El salmo rojo (1971) o Electra (1974). A esas alturas de su carrera, el director húngaro parecía encontrarse en un callejón sin salida y aunque ha seguido filmando hasta la actualidad, sus trabajos ya no han vuelto a alcanzar la repercusión que tenían en los años setenta. La reposición de Vicios privados, virtudes públicas en la Cineteca Nacional puede servir para que muchos cinéfilos jóvenes descubran a un cineasta importante, hoy casi olvidado.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1183, 01/09/2003)



VICIOS PRIVADOS, VIRTUDES PUBLICAS (VIZI PRIVATI, PUBBLICHE VIRTU) Italia-Yugoslavia, 1975 / Realización: Miklós Jancsó / Guión: Giovanne Gagliardo / Fotografía: Tomislav Pinter / Música: Francesco de Masi / Edición: Roberto Perpignani / Producción: Filmes Cinematografica-Jadran Film / Intérpretes: Lajos Balázsovits (príncipe Rodolfo), Pamela Villoresi (Sofía), Franco Branciaroli (duque), Teresa Ann Savoy (baronesa María Vetsera), Laura Betti (Teresa), Ivica Pajer (general) / Duración: 99 minutos.