Lucía y el sexo

Cuando Lorenzo, el escritor con quien vive desde hace seis años, es atropellado por un autobús, Lucía abandona Madrid y el restaurante donde trabaja como mesera y viaja a una isla del Mediterráneo en busca de respuestas al comportamiento autodestructivo de su pareja.



En ese paraje luminoso, de aire fresco y mar bravío, Lucía se relaciona con otros dos personajes, Elena, la propietaria de una pensión, y Carlos, un buzo argentino, ambos tratando de escapar de otras tragedias familiares que involucran también a Lorenzo, en cuyo poder parecen estar las claves que den sentido a la historia.

Nacido en San Sebastián en 1958, Julio Medem es uno de los cineastas españoles más interesantes, autor de una obra muy personal que ha merecido el reconocimiento de la crítica y los festivales. Vacas (1992), La ardilla roja (1993) y Tierra (1996) son los pasos previos de una carrera que hasta ahora tiene su nivel más alto en Los amantes del Círculo Polar (1998), a su vez punto de partida de Lucía y el sexo. Nacida prácticamente de la última imagen de Los amantes del Círculo Polar, la nueva película es, según el propio Medem, una versión simétrica de la anterior, en la que los personajes realizan un viaje en sentido inverso: de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz.



Más artificiosa en su estructura que sus otros trabajos, Lucía y el sexo tiene la gran virtud de mostrar de manera muy clara la manera en que Medem concibe y desarrolla sus historias. Aunque no es Lorenzo sino Lucía quien puede considerarse como el alter ego del director, es el escritor quien se encuentra detrás de toda las historias, que se van uniendo en una gran ficción que retoma y reelabora a su manera los diferentes momentos que involucran a Lucía, a Elena o a Belén, en una estructura cíclica cuyo final permite volver a reengancharse a mitad del relato, para elegir una nueva opción que evite la tragedia.

En este sentido, la forma en que trabaja Lorenzo no es muy distinta a la forma en que trabaja Medem, un gran manipulador que disfruta creando y recreando historias de vida, amor y muerte que trascienden el melodrama para caer en lo fantástico, en una especie de cuento de hadas moderno que rompe con la lógica. Las estructuras cinematográficas de Medem remiten en cierta medida a las imposibles arquitecturas de Escher: en ambos casos el resultado tiene una apariencia de realidad que disfraza su imposibilidad práctica. En un caso, se trata de una falsa perspectiva; en el otro, de una causalidad manipulada hasta extremos casi insostenibles: incluso llega a proponer hipotéticos futuros que luego se encarga de desechar. ¿Es posible el encuentro de Lucía, Lorenzo, Irene y Antonio en la isla? Lo es, en la medida en que lo quiere Medem, que es quien maneja todos los hilos con una asombrosa habilidad.



En un momento de la película, Pepe, el agente de Lorenzo, le dice que a su novela le ponga sexo, que eso vende. El mismo Medem hizo caso a esta recomendación y Lucía y el sexo sorprende con unas cuantas escenas de sexo bastante explícito, abundancia de desnudos de Paz Vega y Tristán Ulloa e incluso varias erecciones. Una novedad en el cine de Medem, sin duda, pero mucho menos importante que el rodaje en digital con una cámara de alta definición muy móvil que se presta de maravilla para el estilo visual del director, quien atiende con mucha atención colores, matices y texturas.

Finalizado Lucía y el sexo, Julio Medem ha declarado que es su filme favorito. Puede tratarse de una impresión del momento, pero también puede tener que ver con esta apreciación el hecho de haber trabajado en formato digital, con un largo rodaje (18 semanas) y un costo relativamente bajo (tres millones de dólares). Y quizás, como ha sucedido con otros directores en diferentes partes del mundo, con la posibilidad de rodar con menores presiones económicas y de una manera aún más libre y personal.

Tal vez Lucía y el sexo no tenga la perfección de Los amantes del Círculo Polar y su mecanismo resulte por momentos un tanto obvio. Sin embargo, Julio Medem no ha perdido nada de su principal virtud: su capacidad para asombrar al espectador y atraparlo en un juego complejo e inteligente.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1181, 12/26/2002)



LUCIA Y EL SEXO (España, 2001) Realización: Julio Medem / Guión: Julio Medem / Fotografía: Kiko de la Rica / Dirección de arte: Montse Sanz / Música: Alberto Iglesias / Sonido: Agustín Peinado / Edición: Iván Aledo / Producción: Fernando Bovaira y Enrique López Lavigne, Sogecine-Alicia Produce / Distribución en México: Artecinema / Intérpretes: Paz Vega (Lucía), Tristán Ulloa (Lorenzo), Najwa Mimri (Elena), Daniel Freire (Carlos/Antonio), Elena Anaya (Belén), Silvia Llanos (Luna), Javier Cámara (Pepe), Diana Suárez (madre de Belén), Juan Fernández (jefe de Lucía), Arsenio León (futbolista) / Duración: 128 minutos.