Aro Tolbukhin. En la mente del asesino

En el año 1981, cuando los documentalistas franceses Lise August e Yves Keetman llegan a una cárcel guatemalteca encuentran a un húngaro de 42 años condenado a muerte por el asesinato de siete personas. Impresionados por su caso, los cineastas entrevistan a quienes compartían su vida en una misión y al propio asesino, Aro Tolbukhin, poco antes de ser ejecutado.



Veinte años después, estos materiales y algunos más llegan a las manos de la cineasta Lydia Zimmermann, quien conjuntamente con Isaac-Pierre Racine y Agustín Villaronga, decide hurgar en el pasado de este criminal que al mismo tiempo tiene mucho de conmovedor y fascinante, reconstruyendo los episodios más significativos de su vida en un intento por explicar su comportamiento.

En una primera instancia, el anterior podría ser un resumen aceptable de Aro Tolbukhin. En la mente del asesino, la atractiva coproducción mexicano-española dirigida por el trío de cineastas Racine-Villaronga-Zimmermann. Los formatos y las texturas de las imágenes incluidas en la película facilitan al espectador la separación de los diferentes niveles de realidad; en particular, el documental y la ficción, el primero como sustento de la segunda. En este sentido, no hay ninguna confusión posible entre lo filmado en 1981 y 2001. Incluso, podría agregarse que el personaje recreado por Daniel Giménez Cacho apenas se parece al Aro Tolbukhin real.



Sin embargo, en los tiempos actuales, cada vez hay que desconfiar más de los testimonios documentales, sean escritos, sean hablados, sean como en este caso visuales. Y si después de ver El gran amante de Woody Allen hubo varios despistados que salieron en busca de los discos de ese gran guitarrista estadunidense de los años treinta, Emmet Ray (solamente superado por Django Reinhardt), no es de extrañar que en ahora muchos espectadores crean ciegamente en una verdad que ven con sus propios ojos, valga la paradoja.

¿Se decepcionarían estos espectadores si descubrieran que todo eso no es más que un juego? Que Aro Tolbukhin nunca existió. O que si existió poco en común tiene con el personaje de la película. Que en realidad las diferentes texturas, formatos y calidades fueron perfectamente planeadas y manipuladas con la intención de darle verosimilitud a ese juego, ingenioso y muy bien logrado. Que una concepción muy coherente de la puesta en escena ha integrado con enorme habilidad historia, ambientación, fotografía y estilo de actuación de tal manera que el espectador pierda pie y se hunda en la incertidumbre. Porque tras la ficción, la reconstrucción y el evidente falso documental, se encuentra un verdadero documental... igualmente falso.



Aro Tolbukhin. En la mente del asesino consigue trascender el juego estilístico en la medida en que su ambigüedad e indefinición se corresponden también con la del protagonista, que vive en un mundo en el que los límites entre vigilia y sueño, entre realidad y fabulación, no están claramente marcados. La interpretación de Daniel Giménez Cacho ayuda a dar profundidad y complejidad a Aro Tolbukhin, un asesino de gran corazón, movido por impulsos en los que la película escarba sin encontrar la explicación última: la relación incestuosa de su juventud, la búsqueda del amor, la necesidad de una familia, la traumática experiencia de la guerra, etcétera.

La muy trabajada estructura de la película se resiente únicamente durante la reconstrucción de la vida familiar de Aro en la Hungría de los años cincuenta. Sin embargo, aunque estas escenas la detienen y alargan innecesariamente, por otro lado son de una enorme belleza y la fotografía en blanco y negro recrea de una manera muy estilizada pero reconocible un estilo visual desaparecido con la llegada del color.

En un momento en que el cine repite recetas y convenciones, una propuesta como la de Aro Tolbukhin. En la mente del asesino rescata su lado lúdico y experimental, pone en entredicho las certezas del espectador y apuesta por una expresión desenfadada, mucho más libre y abierta que, por lo mismo, resulta también mucho más sugerente y enriquecedora.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1180, 12/19/2002)



ARO TOLBUKHIN. EN LA MENTE DEL ASESINO (México-España, 2002) Realización: Isaac-Pierre Racine, Agustín Villaronga y Lydia Zimmermann / Guión: Isaac-Pierre Racine, Agustín Villaronga y Lydia Zimmermann / Fotografía: Guillermo Granillo / Dirección artística: Lorenza Manrique y Margalida Obrador / Música: José Manuel Pagán / Sonido: Albert Manera / Edición: Ernest Blasi / Producción: Gustavo Montiel Pagés y Antonio Chavarrías, Altavista Films-Moro Films-Lestes Films-Oberón Cinematográfica-Canal Plus-TVC-TVE / Distribución en México: Nu Visión / Intérpretes: Daniel Giménez Cacho (Aro adulto), Carmen Beato (hermana Carmen), Zoltán Jozán (Aro adolescente), Mariona Castillo (Selma adolescente), Aram González (Aro niño), Eva Fortea (Selma niña), Jesús Ramos (padre), Pepa Charro (Dada) / Duración: 95 minutos.