Sobibor

En 1979, Yehuda Lerner, el último sobreviviente de la rebelión de los prisioneros del campo de exterminio polaco de Sobibor, relata los detalles del exitoso plan organizado y llevado a cabo por un grupo de soldados judíos del Ejército Rojo, encabezado por Alexander Petchersky.



A las 16 horas del 14 de octubre de 1943, los oficiales alemanes que custodiaban el campo fueron citados en los diferentes talleres y eliminados uno a uno. Para el buen fin de esta acción fue fundamental contar con la proverbial puntualidad alemana, que permitió cronometrar los hechos con una precisión casi matemática.

Filósofo, director de la revista Les Temps Modernes, el judío francés Claude Lanzmann saltó a la fama cinematográfica en 1985, con un ambicioso y larguísimo documental de nueve horas y media de duración, Shoah, que reconstruía la historia del Holocausto mediante una serie de entrevistas con quienes de una u otra forma y desde uno y otro lado, como víctimas o como verdugos, estuvieron relacionados con el brutal exterminio. No es probable que den ganas de volverlo a ver, pero sin duda Shoah marcó una fecha en la historia del cine documental y, sobre todo, pareció haber puesto punto final a un asunto que el cine ya había tratado en repetidas ocasiones y con diversa fortuna.



Sin embargo, el propio Lanzmann desmiente lo anterior y reaparece con un nuevo filme sobre el Holocausto, Sobibor, centrado en un episodio concreto y excepcional, la rebelión de los prisioneros, y en un único personaje, Yehuda Lerner, el último de los sobrevivientes de la acción. A diferencia de Shoah, este nuevo documental testimonial resulta repetitivo y de escaso interés cinematográfico. Ha merecido muchos comentarios elogiosos, pero en gran medida parecen provocados por la importancia de su asunto. Sin duda lo es, aunque sea escasamente novedoso.

De hecho, Sobibor es nuevamente y en sus mejores momentos un rostro, el de Lerner, que habla a cámara y cuenta los hechos, de una manera bastante reiterativa, tanto porque el entrevistado se repite, como porque Lanzmann insiste varias veces con la misma pregunta (por ejemplo, saber si antes o después mató a alguien más). Y, sobre todo, porque como se trata de una producción francesa, Lanzmann pregunta en francés, una traductora se dirige a Lerner en hebreo, éste contesta y la traductora repite la respuesta en francés. Esto hace que la película se alargue y se alargue (de hecho, si se hubiera subtitulado el hebreo, en lugar de utilizar una traductora, seguramente hubiera durado 20 minutos menos). Y en lo que tiene que ver con los subtítulos, no se hicieron a partir del hebreo, ni del francés, sino de la versión en inglés. Sólo eso explica que cuando en francés se oye claramente "metro o metro y medio", los subtítulos digan "tres o cuatro pies". Y que el interminable letrero inicial y el igualmente interminable listado final, en inglés, no tengan ningún tipo de traducción.



Lo que resulta claro es que el asunto de la rebelión de Sobibor no daba para un largometraje. La primera media hora de película insiste en cosas que ya se han dicho una gran cantidad de veces, que en los campos de concentración comían muy mal, que estaban muy flacos, que los alemanes los mataban gratuitamente, etcétera, etcétera. Y es sólo en la hora siguiente que se narra la organización del levantamiento. Obviamente, no hay imágenes de los hechos, y las elegidas por Lanzmann para ilustrar la película son totalmente anodinas. Al grado que uno, como espectador, prefiere estar viendo el expresivo rostro de Lerner que las imágenes de bosques, ciudades o planos elegidos para acompañar la narración.

De hecho, en 95 minutos de película hay un solo plano que parece cine: el de la parvada de gansos graznando insoportablemente, que Lerner cuenta que estaba para cubrir los gritos de los judíos enfrentados a la muerte en los hornos de gas. Con excepción de este plano, no sólo bello sino intenso y conmovedor, el resto de la película hubiera funcionado mucho mejor como texto escrito. O por lo menos, el hecho de ver la emoción en el rostro de Lerner no justifica hora y media de película. Sobre todo, si uno cree que ya hay suficientes aproximaciones al tema.

Y ésta de Claude Lanzmann, indudablemente, no está entre las más atractivas ni mejor documentadas. Vamos, que para un espectador no especialmente interesado en el asunto resultan mucho más interesantes Los últimos días de James Moll (producida por Steven Spielberg) o incluso la muy comercial y cinematográficamente convencional Amén de Costa-Gavras, en la medida en que denuncia el silencio de la Iglesia y el gobierno de Estados Unidos ante los crímenes nazis.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1179, 12/12/2002)



SOBIBOR (SOBIBOR, 14 OCTOBRE 1943, 16 HEURES) Francia, 2001 / Realización: Claude Lanzmann / Guión: Claude Lanzmann / Fotografía: Caroline Champetier y Dominique Chapuis / Sonido: Bernard Aubouy / Edición: Chantal Hymans y Sabine Mamou / Producción: Pascal Caucheteux y Grégoire Sorlat, Why Not Productions-Les Films Aleph-France 2 Cinéma / Distribución en México: Cine, Video y Televisión / Duración: 95 minutos.