Harry Potter y la cámara secreta

Ya ha pasado un año desde la aventura anterior y se acerca el momento en que Harry Potter debe iniciar su segundo curso en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts. Sin embargo, aparece Dobby, un elfo doméstico para prevenirlo de los peligros que le acecharán en la escuela e intentar convencerlo de no ir.



Por otras razones, tampoco los Dursley están dispuestos a dejarlo ir, pero los Weasley rescatan a Harry en su automóvil volador y después de algunos contratiempos llegan a Hogwarts. Allí, Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger deben enfrentar al peligro surgido de la cámara secreta, que alguien ha abierto como cincuenta años atrás, para impedir que Albus Dumbledore pierda su puesto y que la escuela sea cerrada.

Lo escrito hace un año atrás cuando la aparición de la primera película de la serie, Harry Potter y la piedra filosofal, es totalmente válido para esta nueva aventura, que adapta el segundo libro de J. K. Rowling y está igualmente dirigida por Chris Columbus. A saber, se trata de una película de realización convencional (como todas las de Columbus), cuyo interés radica fundamentalmente en el atractivo del original y en la respetuosa adaptación, en muchos momentos casi literal. Así, aunque la versión cinematográfica es escasamente creativa, por lo menos no traiciona las ideas del original. Y en este sentido, el mundo propuesto por la escritora británica camina a contracorriente de las concepciones y los valores actuales.



La polémica desatada por libros y películas, generalmente entre los sectores más retrógrados y intransigentes de la sociedad, no hacen sino resaltar el aspecto más interesante de la serie. Que no es por supuesto el promover la brujería entre los niños, sino respetar la diferencia, fomentar la tolerancia y descubrir la existencia de otros mundos, fantásticos y oníricos, paralelos a la gris realidad. El planteamiento de J. K. Rowling no es novedoso y se nutre de muchísimas fuentes; sin embargo, en estos tiempos de pragmatismo y desencanto, provoca una identificación inmediata con sus personajes. De ahí el éxito literario, que supera por mucho los límites de la mercadotecnia.

Como Harry Potter y la piedra filosofal, esta segunda película respeta la propuesta de la autora y consigue una traducción visual efectiva de personajes, lugares y situaciones. Quizás la objeción fundamental que se les pueda hacer es su imposibilidad de transcender mínimamente la ilustración, de alcanzar por lo menos en algunos momentos una identidad cinematográfica propia. Esto es más notorio todavía en Harry Potter y la cámara secreta, en la medida en que se presta menos atención a los personajes que a la aventura, y en este sentido hay un mayor despliegue de efectos especiales, terreno en el que ésta se diferencia muy poco de otras películas hollywoodenses para niños.



Finalmente, la interrogante sobre quién abrió la cámara secreta, Draco Malfoy, Hagrid y o Harry Potter, no sólo preocupa a los lectores/espectadores, sino también al mismo Harry, desde antes preocupado por las dudas del sombrero seleccionador y ahora enfrentado a la terrible posibilidad de ser el heredero de Slytherin. Presente en la película de una forma mucho menos notable que en la novela, este conflicto existencial pasa a un segundo plano ante escenas espectaculares mucho más rutinarias, como por ejemplo la lucha con el basilisco.

Es posible que la serie gane con la incorporación como director del mexicano Alfonso Cuarón. Sus dos trabajos hollywoodenses, La princesita (1995) y Grandes esperanzas (1998), demostraron su capacidad para asumir esos trabajos infantiles con una convicción y una energía de las que es incapaz Columbus, un artesano menos que mediocre. En la medida en que la próxima aventura de Harry Potter consiga combinar el respeto al libro de J. K. Rowling con la necesaria libertad para que Cuarón pueda desarrollar un universo fílmico menos dependiente del literario y con un mayor vuelo creativo, se puede esperar un buen resultado de Harry Potter y el prisionero de Azkabán. La mancuerna Rowling-Cuarón podría ser la solución a las limitaciones cinematográficas de Harry Potter.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1178, 12/05/2002)



HARRY POTTER Y LA CAMARA SECRETA (HARRY POTTER AND HE CHAMBER OF SECRETS) Estados Unidos, 2002 / Realización: Chris Columbus / Guión: Steven Kloves, sobre la novela de J. K. Rowling / Fotografía: Roger Pratt / Dirección artística: Stuart Craig / Música: John Williams y William Ross / Sonido: David Randall Thom / Edición: Peter Honess / Producción: David Heyman, 1492 Pictures-Heyday Films-Warner Bros. / Distribución en México: Videocine / Intérpretes: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Kenneth Branagh (Gilderoy Lockhart), Maggie Smith (Minerva McGonagall), Richard Harris (Albus Dumbledore), Alan Rickman (Severus Snape), Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid), Warwick Davis (Filius Flitwick), Sean Biggerstaff (Oliver Wood) / Duración: 161 minutos.