El clóset

François Pignon, empleado en el departamento de contabilidad de una fábrica de condones, descubre accidentalmente que va a ser despedido. La desgracia se suma a su ya poco envidiable existencia, gris y rutinaria, al abandono de su esposa, al rechazo de su hijo.



Sin embargo, un vecino tiene la solución a su problema: debe fingirse homosexual, para que la empresa no pueda despedirlo sin enfrentarse a una acusación por discriminación. La estratagema tiene resultado, no sólo en el terreno previsto: termina por modificar totalmente la existencia de Pignon y su relación con quienes lo rodean.

La larga permanencia en la cartelera mexicana de El clóset, su éxito en Estados Unidos y su relativamente buena recepción en Francia, confirman como antes Un tonto a domicilio que Francis Veber se mantiene todavía como el mayor exponente de la comedia francesa, a casi 35 años de su inicio como guionista. La crisis que hace largo tiempo arrastra la comedia hollywoodense, sobre todo debido a la procedencia televisiva de la mayor parte de sus guionistas, vuelve aún más notable la permanencia de Veber, responsable de una extensa serie de películas taquilleras que se inicia con El rubio alto y con un zapato negro y su secuela, El regreso del alto rubio, ambas de Yves Robert.



Si Veber define su llegada al cine como un hecho casi accidental, su debut como director fue un paso lógico vista la gran aceptación de sus guiones. En 1976, pasa a hacerse cargo de la dirección de El juguete, sobre su propia historia obviamente, y desde entonces ha alternado ambos papeles. Desde comienzos de los años ochenta, el cine hollywoodense ha demostrado interés por sus guiones, generalmente reelaborados para convertirse en películas bastante menos efectivas que las originales. Así, L'enmerdeur da lugar a Compadres en 1981, El juguete a Su juguete preferido en 1982, El rubio alto y con un zapato negro a El hombre del zapato rojo en 1985, Más locos que una cabra a ¡Qué perra suerte! en 1991, Una Eva y dos truhanes a Papá de sobra en 1996, etcétera.

Alentado por esta fiebre de los remakes, el propio Veber decide probar suerte en Hollywood con una reelaboración de su película Los fugitivos, convertida ahora en Los tres fugitivos (1989). Luego de una segunda cinta hollywoodense, En la cuerda floja (1992), el cineasta no volvería a dirigir en Estados Unidos, país en el que reside desde entonces, pero sobre cuyo cine formula juicios bastante duros, tanto en lo que tiene que ver con el resultado de los remakes de sus películas como con el profesionalismo de sus actores.



Como director, y eso lo confirman sus obras más recientes, Un tonto a domicilio y El clóset, Veber es bastante limitado. A lo sumo, se ha convertido en un eficaz colaborador del Veber guionista, que escribe además para un grupo excepcional de comediantes. Es posible encontrar aquí el secreto de su éxito, en sus historias cínicas y políticamente incorrectas y en sus destacados actores. Y El clóset confirma sus virtudes: un escritor ingenioso, hábil, que sabe dosificar sus apuntes críticos de manera de conseguir un resultado atractivo y no provocar muchas molestias en un espectador que finalmente sólo quiere divertirse, pero que a veces prefiere algo un poco más consistente que la trivial comedia de Hollywood.

La serie de malentendidos y equívocos provocados por la simulación de François Pignon, que se finge homosexual para evitar ser despedido de su trabajo, es un buen punto de partida para que Veber se mueva en un tema bastante difícil con la seguridad que le da la experiencia. Su supuesta salida del clóset, convierte al gris, mediocre y aburrido Pignon en un tipo diferente; antes era evitado y molestado por sus compañeros, ahora es digno de admiración. Incluso su hijo, que lo rechazaba, se reconcilia con él al verlo desfilar al frente de una marca del orgullo homosexual. Pero lo más interesante es, sin duda, como esa falsa revelación termina por convertirse de todas formas en una afirmación de su personalidad: se vuelve un hombre más seguro.

Filme menor, El clóset es de todas formas el tipo de comedia que funciona como un pasatiempo relativamente inteligente, sostenido por nombres como Daniel Auteuil, Thierry Lhermite, Michel Aumont, Jean Rochefort y un Gérard Depardieu quizás excesivamente caricaturesco. No propone nada novedoso, sin embargo, tampoco se siente como una pérdida de tiempo ni de dinero.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1176, 21-11-2002)



EL CLÓSET (LE PLACARD) Francia, 2001 / Realización: Francis Veber / Guión: Francis Veber / Fotografía: Luciano Tovoli / Dirección artística: Hughes Tissandier / Música: Vladimir Cosma / Sonido: Bernard Bats / Edición: Georges Klotz / Producción: Patrice Ledoux, EFVE-Gaumont-Le Studio Canal Plus-TF1 / Distribución en México: Artecinema / Intérpretes: Daniel Auteuil (François Pignon), Gérard Depardieu (Félix Santini), Thierry Lhermite (Guillaume), Michèle Laroque (señorita Bertrand), Michel Aumont (Belone, el vecino), Jean Rochefort (Kopel, el director), Alexandra Vandernoot (Christine), Stanislas Crevillén (Franck), Edgar Givry (Mathieu), Thierry Ashanti (Victor) / Duración: 84 minutos.