Taxi para tres

En una colonia de la periferia de Santiago, dos delincuentes abordan a un taxista, quien ante la disyuntiva volante o maleta, sostenida con un filoso cuchillo en el cuello, no encuentra otro remedio que convertirse en chofer de los atolondrados asaltantes, destinados a ser perdedores.



Sin embargo, para el taxista, que tiene dificultades para pagar las cuotas de su automóvil, este encuentro accidental puede ser una solución a sus problemas, por lo que pasa de ser el chofer amenazado a convertirse en el cerebro de la banda. Lo que no mejora mucho las cosas, porque el trío va de frustración en frustración, hasta que deben ocultarse en la casa del taxista.

El golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet significó el exilio para la mayor parte de los cineastas chilenos, que debieron refugiarse y continuar sus carreras en el extranjero: México, Cuba, Alemania, Francia, España, la Unión Soviética... Durante más de una década, directores como Miguel Littín, Raúl Ruiz o Patricio Guzmán, entre otros, realizaron sus películas en diferentes partes del mundo. Orlando Lübbert, un chileno que terminó en Alemania luego de pasar por México, realizó allí una carrera discreta, en general documental, a excepción de El paso y La colonia. Sin embargo, el reconocimiento llegaría luego de su regreso del exilio, cuando su primera película chilena post-dictadura, Taxi para tres, obtuvo la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y con ello consiguió una gran repercusión internacional, amén de un buen resultado en la taquilla de su país.



Lo más interesante de Taxi para tres es la forma en que, a partir de una comedia que inicialmente parece ligera y fácil, Lübbert plantea una visión crítica sobre la sociedad chilena actual, alejada de la que en general muestran los medios. Mientras que por lo regular da la impresión de que Chile se mueve un tanto al margen de las crisis y los problemas del resto del continente, esta película sostiene lo contrario. No solo retrata una situación económica y social bastante similar a la del resto de América Latina, sino que además presenta un deterioro de los valores, al grado que la línea tenue entre el bien y el mal prácticamente desaparece y la víctima inicial termina convirtiéndose en verdugo.

El temor de Ulises, el taxista, desaparece cuando se da cuenta de que los dos infelices de Chavito y Coto pueden ser manipulados con facilidad y utilizados para resolver sus propios problemas. Sin embargo, las cosas se complican con el asedio policial y, sobre todo, con la manera en que los dos ladrones, ocultos en la casa del taxista, empiezan a apropiarse del lugar y a ganar espacio en la familia, fundamentalmente gracias a las facilidades brindadas por Javiera, la hija.



Construida a partir de una historia real, relatada a Lübbert por un taxista, Taxi para tres sorprende por su duro final, que en buena medida cambia radicalmente el tono que la película mantuvo a lo largo de casi hora y media, y obliga a replantearse lo visto: ni tan ligero, ni tan fácil. Cuando se espera una resolución acorde a las convenciones, la conclusión de Lübbert golpea e incomoda. Si el director consiguió atrapar al espectador mediante un relato realista narrado con mucho humor, no está dispuesto a dejarlo ir tan tranquilo, sin cuestionarlo. Y en esta medida, el sacudón final es una manera de volverlo a la realidad. O como lo justifica el propio director: "Dénme otro país, yo les doy otro final".

Taxi para tres es por lo dicho anteriormente una película interesante, a pesar de una realización desprolija y sobre todo barullenta. No solamente por la cantidad de gritos y palabras muchas veces incomprensibles, sino también por la puesta en escena que obviamente tiende a un tono fársico, al que a veces le falta claridad y limpieza. Como el mismo hablar de los chilenos, difícil de seguir cuando se trata de un lenguaje coloquial y popular como en este caso, también la cámara y el sonido parecen abigarrados y atropellados, se empujan, se sobreponen, se molestan. Sin embargo, no se puede negar que a pesar de todo esto, la película tiene un estilo coherente y que quizás esta forma ponga de manifiesto los rasgos de una identidad cultural.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1171, 10/17/2002)



TAXI PARA TRES (Chile, 2001) Realización: Orlando Lübbert / Guión: Orlando Lübbert / Fotografía: Patricio Riquelme / Dirección artística: Patricio Aguilar / Música: Eduardo Zvetelman y Joe Vasconcellos / Sonido: David Cuerpo / Edición: Alberto Ponce / Producción: Orlando Lübbert, O. L. Producciones Audiovisuales / Intérpretes: Alejandro Trejo (Ulises), Daniel Muñoz (Chavelo), Fernando Gómez-Rovira (Coto), Elsa Poblete (Nelly), Ivonne Becerra (Jeannette), Cristián Quezada (Padilla), Denitze Lecaros (Javiera), René Castro (Romero), Felipe Ortega (Amaro), Edgardo Carvajal (Ronny) / Duración: 90 minutos.