Ciudades oscuras

Una larga noche en el centro oscuro y violento de la ciudad de México. Una docena de historias que se entrelazan e involucran a prostitutas, policías, drogadictos, vagabundos, desempleados, teporochos, chavos banda y demás fauna característica de ese inframundo aterrador.



Historias marcadas por muertes sórdidas, crímenes gratuitos o actos de justicia. Y por intentos infructuosos de hallar una salida y reencontrar la inocencia perdida o una posibilidad de redención. El conjunto de viñetas propone en definitiva una visión desencantada de la pareja, de la familia, de la amistad y de la justicia.

Cuarto largometraje dirigido por Fernando Sariñana, Ciudades oscuras propone un cambio radical de tono con relación a los dos anteriores, Todo el poder y El segundo aire. Aunque tiene algunos puntos en común con la primera, en particular el tema de la violencia en la ciudad de México y la presencia del guionista Enrique Rentería, la mirada complaciente y amable de Todo el poder deja paso ahora a un retrato negro y desolado. Casi no hay posibilidad de guiño de ojo cómplice y menos aún de revancha que permita el final feliz. Allá, la violencia servía de contexto a una historia romántica entre yuppies; aquí se impone como protagonista y verdaderamente sacude al espectador, no le deja un respiro a lo largo de casi dos horas.



Un mérito menos del realismo de la pintura que de la efectividad del relato. Sariñana, que desde su opera prima Hasta morir había demostrado su debilidad por el artificio, utiliza aquí una puesta en escena provocadora y desconcertante que sin embargo se integra perfectamente con la estructura del guión y con las viñetas casi caricaturescas. La compleja organización de los diferentes tiempos en que transcurren las acciones no pierde claridad en ningún momento, a pesar de que en sentido estricto no pueda hablarse de historias paralelas ni de una narración cronológica.

Si la abundancia de personajes impide el desarrollo en profundidad de cada uno de ellos, la presencia de una gran cantidad de actores característicos del reciente cine mexicano, en general muy bien dirigidos, permite que basten unos pocos rasgos para delinearlos. Más aún cuando en su mayor parte repiten, retoman o retrabajan creaciones anteriores, de las que se nutren en estos episodios: el drogadicto Roberto Sosa, el pedófilo Ernesto Yáñez, el agente corrupto Jesús Ochoa, la estudiante Ximena Ayala, la prostituta Dolores Heredia, etcétera. En este sentido, quizás el menos afortunado sea el desempleado interpretado por Héctor Suárez, acumulación de tics gimoteantes de indudable procedencia televisiva.



Y algo similar sucede con la base profundamente melodramática de todas las situaciones planteadas, que remiten a muchas otras ya vistas con anterioridad. Porque quizás el atractivo de Ciudades oscuras resida en buena medida en la estilización (de personajes y situaciones, de puesta en escena) que hace que todos los excesos no aparezcan como defectos. La realidad no es exactamente así, por supuesto. Pero eso no importa. En cambio, la manipulación de esa realidad es lo que da color y tensión a la película: la manera en que se manejan los tiempos, se relacionan a unos personajes con otros y se van engarzando los diversos hechos violentos hasta conformar una suerte de alud.

Desde este punto de vista, resulta ejemplar la forma en que Ciudades oscuras juega con las transferencias de crímenes y culpas: todos tienen cuentas que pagar, aunque a veces les achaquen las ajenas, y todos buscan vengarse, aunque a veces lo hagan en la persona equivocada. Y finalmente, el premio obtenido por Lola y Zezé es producto de esa misma lógica absurda, según la que castigos y recompensas se reparten de manera arbitraria, en apariencia. Pero a la larga son manifestaciones fatalistas de un destino que juega con las vidas de estos personajes encerrados por un continuo movimiento circular.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1168, 09/26/2002)



CIUDADES OSCURAS (México, 2001) Realización: Fernando Sariñana / Guión: Enrique Rentería y Fernando Sariñana, sobre Crónicas del Madrid oscuro de Juan Madrid / Fotografía: Salvador Cartas / Dirección artística: Mirko von Berner / Música: Eduardo Gamboa / Sonido: Miguel Sandoval y Miguel Angel Molina / Edición: Roberto Bolado / Producción: Fernando Sariñana, Altavista Films-Veneno Producciones-Imcine / Distribución en México: Nu Visión / Intérpretes: Dolores Heredia (Lola), Zaide Silvia Gutiérrez (Zezé), Jesús Ochoa (Rubio), Héctor Suárez (Pollo), Roberto Sosa (Vicente), Bruno Bichir (Satanás), Odiseo Bichir (Javo), Demián Bichir (Mario), Alonso Echánove (Casimiro), Alejandro Tomassi (Riquelme) / Duración: 113 minutos.