Veinticinco watts

Sábado por la mañana, muy temprano. Leche, Javi y Seba, tres amigos que han pasado la noche en vela, deambulan sin mucho que hacer, prácticamente nada.



Incluso, sus preocupaciones resultan bastante anodinas: atender a una abuela casi autista, preparar un examen de italiano, rentar una película pornográfica, reflexionar sin mucho sentido sobre los excrementos de los perros. Alrededor del trío, aparecen algunos otros personajes, como Beatriz, la maestra de italiano, la abuela dormida, el encargado del videoclub, el repartidor de pizzas que oye voces, o el patrón de Javi con su hijo.

Veinticinco watts, el filme que inaugura en la Cineteca Nacional un ciclo de desafortunado título (Ibercine/Y ver cine) hace referencia a un foco de escasa luminosidad y brillantez. Utilizando la socorrida imagen de las historietas, una idea de 25 watts, es una idea bastante apagada, limitada, de poco alcance. Sin duda los realizadores Rebella y Stoll fueron conscientes del lado autocrítico de la expresión, que podría haberse prestado para frases y comentarios despiadados: una opera prima que retrata un mundo (mejor un barrio, casi una esquina) absolutamente gris, con tres personajes a los que no les pasa nada, ni siquiera sufren, ni se drogan, ni se mueren. Están ahí. Pasando ese sábado como cualquier otro día.



Sin embargo, Veinticinco watts resulta, afortunadamente, una película de cien watts (por lo menos) y su obvia relación con la obra de otros directores como Jim Jarmusch (Más extraño que el paraíso, 1984), Kevin Smith (Detrás del mostrador, 1994) o incluso Aki Kaurismäki (Cuida tu mascada, Tatiana, 1993) no oculta la originalidad ni la profunda uruguayez de esta primera obra de un par de jóvenes (tanto como sus personajes) que acceden a una cinematografía incipiente para dejar una marca nada fácil de superar. Despreocupándose a priori por las consideraciones extracinematográficas (mercado, recuperación, etcétera) y haciendo la película que seguramente querían ver, Rebella y Stoll consiguieron lo que muchos productos supuestamente comerciales nunca alcanzan: una exhibición bastante amplia, tanto dentro como fuera de fronteras y una respuesta/identificación de jóvenes de medios y realidades muy diferentes.

Filmada (muy acertadamente) en blanco y negro, en planos largos y por lo general estáticos, 25 watts es lo opuesto a una película de acción. Eso no impide que resulte muy entretenida, en buena medida gracias al humor (el repartidor que se pone violento cuando oye voces, la abuela usada como tierra para la antena del televisor), pero también porque los seres aburridos y desencantados que retrata no carecen de interés y, si no es posible decir que se vuelven entrañables, por lo menos despiertan cierta simpatía en el espectador, que termina por encontrarle su sentido a tanta inacción (o acción inútil, como la del tipo que entrena para figurar en los récords Guinness).



Leche, Javi y Seba no esperan mucho de la vida, no hay pasados ni futuros próximos que los marquen a los motiven. Parecen estar satisfechos con unas cervezas y una pequeña barda donde recargarse. Y sus preocupaciones existenciales se reducen a reflexiones sobre asuntos triviales o falsos problemas, a los que dedican la mayor parte de su escasa energía. Voluntaria o involuntariamente, Rebella y Stoll reflejan una situación bastante generalizada, que trasciende a la clase media montevideana a la que pertenecen sus tres personajes.

Este hecho resulta muy importante, en la medida en que 25 watts es un producto de una cinematografía que apenas en los últimos años ha dado muestra de una relativa vitalidad y cuya mayor limitación parece la dificultad para traspasar las fronteras. Y en este caso lo consigue con una obra que en principio parecería la menos apropiada, en tanto que carga con una muy marcada identidad nacional. Sin embargo, una vez más y como sucede por ejemplo con el cine iraní, se demuestra que es más fácil conseguir la internacionalización a partir de historias locales, que buscando de antemano los temas universales.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1167, 09/19/2002)



VEINTICINCO WATTS (Uruguay, 2001) Realización: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll / Guión: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll / Fotografía: Bárbara Alvarez / Dirección artística: Gonzalo Delgado / Música: Peyote Asesino, Los Mockers, Buenos Muchachos, Motivos Navideños, Zero y Exilio Psíquico / Sonido: Sebastián Cerveñanski / Edición: Fernando Epstein / Producción: Fernando Epstein, Ctrl Z-Imágenes-Taxi Films / Intérpretes: Daniel Hendler (Leche), Jorge Temponi (Javi), Alfonso Tort (Seba), Roberto Suárez (Gepetto), Carolina Fresno (Beatriz), Federico Veiroj (Gerardito), Valentín Rivero (Hernán), Valeria Mendieta (María), Walter Reyno (don Héctor), Judith Anaya (abuela) / Duración: 92 minutos.