La mujer de mi vida

Con más de treinta años de edad y a punto de terminar un doctorado universitario, Zaza preocupa a sus padres: aún permanece soltero. De acuerdo a las tradiciones, buscan arreglarle un matrimonio con alguna muchacha joven, virgen, guapa y de buena familia.



Zaza les sigue el juego, pero evita comprometerse. Lo que sus padres desconocen, es que la actitud reticente de Zaza tiene su explicación: desde hace tiempo mantiene una relación amorosa con Judith, relación oculta que su familia nunca aprobaría porque se trata de una mujer mayor, divorciada, con una hija y extranjera. Ante las presiones y el chantaje, Zaza deberá elegir entre los estrictos valores de sus mayores y el amor de su vida.

La mujer de mi vida es el primer largometraje del judío georgiano Dover Kosashvili, nacido en 1968 en Georgia (exrepública soviética) pero radicado desde 1972 en Israel, donde realizó estudios de filosofía y cine en la Universidad de Tel Aviv. Su cortometraje de graduación, Con normas, realizado en 1999, recibió varios premios internacionales y llamó la atención sobre el joven cineasta, que ahora vuelve a sorprender con una película que destaca en el convencional panorama del cine israelí, de escaso interés con excepción de la obra de Amos Gitai (Kadosh).



A diferencia del cine de Gitai, el debut de Kosashvili es cinematográficamente bastante torpe y descuidado. Pero a pesar de sus limitaciones formales, La mujer de mi vida interesa por su tema: la supervivencia en la sociedad israelí de antiguos y ya anacrónicos valores que aunque parecen estar fuera de lugar en el mundo moderno todavía tienen un peso extraordinario. Como lo demuestra la película, son capaces de modificar el camino elegido por un hombre hecho y derecho, en beneficio de la conservación de las estrictas tradiciones.

En pleno siglo XXI la familia de Zaza organiza su matrimonio de acuerdo a añejos criterios que incluyen por supuesto la consolidación económica y la conservación de la familia. Esto, que resultaría reprobable en el caso de un adolescente, es mucho más terrible en cuanto Zaza es un hombre y mantiene una satisfactoria relación sentimental y sexual con la mujer que ha elegido.

Sin embargo, ni la cultura ni las ideas liberales de Zaza lo ayudan a rebelarse, porque lo que lo derrota es el lacrimógeno chantaje de su madre, cuyo corazón está a punto de destrozarse por el disgusto. La elección es clara: o la amante o la madre. Y Zaza decide sacrificarse. La madre judía ha sido caricaturizada en muchas ocasiones, en películas, obras teatrales o incluso chistes. Pero pocas veces como aquí, esa pintura consigue un retrato tan efectivo de ese inmenso poder maternal, capaz de mantener vivos los valores de una comunidad paradójicamente patriarcal, mediante recursos indignos del melodrama más bajo.



Ante la falta de argumentos convincentes, la madre de Zaza apela a aquello de el corazón de una madre nunca se equivoca (y si se equivoca, qué importa) y asume la actitud de víctima desgraciada, haciendo que su hijo se sienta culpable y castrando cualquier intento de rebelión. Sin afirmar que la película sea autobiográfica, queda claro que el director Kosashvili sabe de qué está hablando. No parece casual que el protagonista tenga prácticamente su misma edad y que la madre sea su verdadera madre (Lili Kosashvili).

Dos cosas llaman especialmente la atención en el tratamiento de La mujer de mi vida. En primer lugar, el humor, o más bien la ironía con que está vista la terrible y por momentos patética encrucijada en que se encuentra Zaza. Esa ironía acentúa la mirada crítica sobre la situación y remarca igualmente la impotencia del protagonista, al que de nada valen edad, inteligencia, carisma o belleza ante las lágrimas de una madre. Después, la crudeza de las escenas sexuales entre Zaza y Judith, escenas que sorprenden por lo explícito, pero que tienen que ver sobre todo con la madurez de una relación y el entendimiento y la armonía de los cuerpos, y en este sentido contrastan de manera violenta con el embarazoso encuentro con una de las muchachas casaderas seleccionadas por sus padres, la adolescente Ilana.

El universo cinematográfico mostrado por Dover Kosashvili en La mujer de mi vida es rico y complejo. Habrá que esperar un desarrollo formal que le dé solidez y le permita alcanzar mayor vuelo en siguientes películas.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1164, 08/30/2002)



LA MUJER DE MI VIDA (HATOUNA MEUHERET) Israel-Francia, 2001 / Realización: Dover Kosashvili / Guión: Dover Kosashvili / Fotografía: Dani Schneor / Dirección artística: Avi Fahima / Música: Iosif Bardanashvili / Sonido: Oleg Kaiserman y Alex Claude / Edición: Yael Perlov / Producción: Marek Rozenbaum y Edgard Tenembaum, Transfax Film Production-Morgane Production / Distribución en México: Arthaus / Intérpretes: Lior Loui Ashkenazi (Zaza), Ronit Elkabetz (Judith), Moni Moshonov (Yasha), Lili Kosashvili (Lili), Aya Steinovits Laor (Ilana), Rozina Cambus (Magouly), Simon Chen (Simon), Sapil Kugman (Madona), Dina Doron (Luba) / Duración: 100 minutos.