Un mundo raro

Mientras viaja en un taxi, el conductor de televisión Tolín es asaltado y secuestrado por la banda encabezada por dos hermanos. Uno de ellos, Emilio, reconoce a la víctima, a quien admira, y no puede evitar confesarle su sueño secreto: convertirse en un comediante profesional.



El encuentro con su ídolo cambia la actitud de Emilio, quien está dispuesto a dejar libre a Tolín a cambio de que él lo ayude a iniciarse en la televisión. El asaltante cumple su parte; pero Tolín se resiste a apoyar a su secuestrador, aunque al final se ve obligado a darle un pequeño papel en su popular programa. Sin embargo, y a pesar de verse en la pantalla como siempre lo había deseado, Emilio descubrirá que el mundo de la televisión no es lo que él creía.

Primer largometraje de Armando Casas (Ciudad de México, 1964), Un mundo raro es un acercamiento crítico a la televisión mexicana y una mirada a su cara menos bonita: la fábrica que produce y sostiene la imagen glamorosa e idealizada que se transmite a los hogares y hace soñar con ser artista para convertirse en una de esas destacadas figuras que se elevan, por lo menos durante algún tiempo, sobre el resto de los mortales. Sin embargo, los entretelones de ese mundo son mucho menos vistosos y limpios de lo que suele creerse; no están al margen de la explotación, la violencia, la corrupción, la droga y la degradación. Al contrario, como son muy pocos los que llegan hasta arriba y muchos los aspirantes, la lucha oculta se convierte en una guerra despiadada.



La relación entre Tolín y Emilio permite observar simultáneamente las dos facetas del fenómeno, la pública y la privada. La que conoce el pequeño delincuente que sueña con una vida mejor y la que vive la estrella; la fascinación que provoca en quien la ve desde fuera y la sordidez de su interior. Aunque superficial, el retrato es efectivo en la medida en que pone al descubierto esta contradicción nunca abordada por el cine mexicano de manera tan directa. En particular, el programa conducido por Tolín está especialmente bien recreado: se parece a casi todos y es desintegrado por la ironía de la mirada. En otros momentos, la caricatura parece demasiado burda, aunque quizás la burda sea la realidad.

Un mundo raro lleva a tres referencias inevitables. La primera es el asesinato de Paco Stanley y lo que puso al descubierto. Muerto a mediados de 1999, el fantasma del popular conductor televisivo está detrás de Tolín y sobre todo en cada espectador de la película. Haya sido premeditación o coincidencia, lo cierto es que la película de Armando Casas ha encontrado en la nota roja un aliado invaluable, por lo menos para obtener un lanzamiento excepcional para una producción universitaria. La segunda es una de las obras más notables de Martin Scorsese, El rey de la comedia (1981), sobre un popular comediante televisivo (Jerry Lewis) secuestrado por un admirador fanático (Robert DeNiro). El sentido de esta película es bastante diferente, pero la anécdota es muy similar. Y finalmente Sonríe (1988), el trabajo de tesis del CUEC de la aquí directora artística, Lorenza Manrique, también una mirada al mundo de la televisión mexicana, de tono más fársico que Un mundo raro, pero que entre otras coincidencias tiene la de llevar a Emilio Guerrero casi en el mismo papel.



Un mundo raro es la segunda película producida por el Programa de Operas Primas del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. A diferencia de la primera, Rito terminal de Oscar Urrutia, la de Armando Casas es una obra bastante más convencional. Hasta donde llega, cumple. Pero no llega muy lejos. No sólo porque su ironía corre el riesgo de ser fácilmente asimilada, sino sobre todo porque su puesta en escena no arriesga. Y de una producción universitaria se esperaría que apostara menos a lo seguro y al resultado. Esa es la principal objeción que puede hacérsele: que está más cerca de Todo el poder que de Crónica de un desayuno.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1134, 01/31/2002)



UN MUNDO RARO (México, 2001) Realización: Armando Casas / Guión: Rafael Tonatiuh y Armando Casas / Fotografía: Alejandro Cantú / Dirección artística: Lorenza Manrique / Música: José Navarro / Sonido: Aurora Ojeda y Gustavo Patiño / Edición: Manuel Rodríguez y Mario Sandoval / Producción: Mitl Valdés, Imcine-CUEC-Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad / Distribución en México: Videocine / Intérpretes: Víctor Hugo Arana (Emilio), Emilio Guerrero (Tolín), Ana Serradilla (Dianita), Jorge Sepúlveda (Tito), Anilú Pardo (Norma), Jorge Zárate (Cayubas), Tomihuatzi Xelhuantzi (Oso), Raúl Adalid (Pollo), Gastón Melo (Oscar), Manuel Sevilla (Canito) / Duración: 95 minutos.