Pachito Rex

Francisco Ruiz, Pachito, un controvertido cantante popular candidato a la presidencia de un país latinoamericano, es víctima de un atentado. Cuarenta años después, el autor sale de la cárcel, intenta reintegrarse a la sociedad y visita a su ex amante Rosa María, quien vive con su marido don Genaro. Éste nunca ha perdonado la traición de su esposa y su ex empleado.



Cinco años después del crimen, el cadáver de Pachito desaparece del mausoleo en que se conserva embalsamado. El agente Estrada es encargado del caso y pronto pasa del papel de perseguidor al de perseguido. A veinte años del atentado, Pachito se ha convertido en un dictador. El ministro de obras públicas del régimen, Enrique, quiere ganar poder construyendo un gigantesco mausoleo y recurre para ello a Abel, ex compañero de estudios y ahora frustrado arquitecto.

El primer aspecto a destacar en Pachito Rex, me voy, pero no del todo es que prácticamente todo el filme transcurre en escenarios virtuales, es decir, generados por computadora. Gracias a las nuevas tecnologías, la historia de Pachito puede desarrollarse en enormes espacios y en ambientes futuristas cuya realización material hubiera excedido por mucho el presupuesto del filme. En cambio, con una cantidad de dinero bastante limitada, algo de equipo digital y mucha imaginación, Fabián Hofman y sus colaboradores (Eduardo González en la creación de espacios virtuales y Daniel Dávila en la composición digital) logran dotar de realidad física a un mundo inexistente. Obviamente, el trabajo tiene mucho de experimental y el resultado no es perfecto, pero es una buena incursión por un camino de gran futuro y una muestra de sus posibilidades, que sin duda cada día serán mayores.



Si la forma apuesta por lo nuevo, también la historia de Flavio González Mello rompe con los criterios de narración convencional, jugando con diferentes posibles desenlaces del atentado inicial: en los dos primeros episodios, Pachito muere; en el tercero sobrevive y se convierte en un dictador casi indestructible. Esta estructura se explica en buena medida por la concepción original del filme, pensado como un CD interactivo que permitiría al espectador elegir el desarrollo del relato. Sin embargo, y al margen de esta explicación, la trama es atractiva aunque muy desconcertante. Atrapa al espectador, no resulta previsible y sus múltiples huecos no afectan el sentido del filme. Quizás se le podría pedir una mayor coherencia dramática que evitara que los diversos episodios se dispararan tan arbitrariamente, pero tal como está la película resulta efectiva.

El tal Pachito sintetiza un tipo de político muy común en los países de América Latina, tanto en su vertiente del populista asesinado por oscuros intereses y convertido en héroe y mártir, como en la del presidente que se olvida de sus promesas electorales, se encariña con el poder y se resiste a abandonarlo. Incluso su procedencia, cantante popular con marcado ascendiente sobre sus seguidores, remite directa o indirectamente a varios casos conocidos. Además, alrededor de la figura presidencial se mueve una cúpula corrupta dividida por los enfrentamientos internos motivados, por supuesto, por control de las distintas parcelas del poder.



Lo que más llama la atención de la opera prima de Fabián Hofman es el aspecto visual, obviamente. Sin embargo, uno de sus mayores aciertos es la elección para el papel protagónico de Jorge Zárate, actor utilizado generalmente en papeles secundarios (De la calle, Un mundo raro), que aquí dota a Pachito de una fuerte presencia y lo vuelve un personaje de gran carisma. Quizás los actores menos aprovechados sean los del primer episodio, Ernesto Gómez Cruz, Ana Ofelia Murguía y Fernando Torre Lapham, porque además su historia es la menos afortunada. En cambio, el tercero es el que permite el mejor lucimiento de sus protagonistas, con una buena interacción de Damián Alcázar, Lisa Owen y Arturo Ríos.

Película dispareja que afortunadamente va de menos a más, Pachito Rex, me voy, pero no del todo no es una obra redonda. Debe verse, más bien como una propuesta novedosa y por lo tanto arriesgada de cara al cine del futuro. De ahí sobre todo su interés.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1123, 11/15/2001)



PACHITO REX, ME VOY, PERO NO DEL TODO (México, 2001) / Realización: Fabián Hofman / Guión: Flavio González Mello / Fotografía: Alberto Anaya / Dirección artística: Antonio Plá / Música: Pablo Flores y Rodrigo Alton Miralda / Sonido: Rogelio Villanueva y Gabriel Coll / Edición: Francisco Rivera Aguila / Producción: Angeles Castro Gurría y Hugo Rodríguez, CCC-Imcine / Distribución en México: Arthaus / Intérpretes: Jorge Zárate (Pachito), Ernesto Gómez Cruz (Sobrino), Ana Ofelía Murguía (Rosa María), Fernando Torre Lapham (don Genaro), Damián Alcázar (Abel), Arturo Ríos (Enrique), Lisa Owen (María), Pedro Altamirano (Estrada), Carlos Cobos (Machado), Alejandro Calva (Chueco Romo) / Duración: 86 minutos.