La perdición de los hombres

En un camino polvoriento, dos hombres esperan el paso de un tercero, lo atacan y lo asesinan. Después cargan el cadáver en su carretilla y lo llevan hasta su casa, donde lo arreglan y lo limpian para dejarlo presentable. Mientras platican y oyen la radio, esperan que pase el tiempo.



El cadáver ya está en la delegación de policía. Las dos mujeres del difunto se lo disputan alegando derechos familiares: cuál de las dos fue la primera, cuál tiene más hijos, etcétera. Finalmente, deciden jugárselo en un volado. La mañana anterior al crimen, los tres hombres involucrados se preparan para un juego de beisbol en el que sufrirán una abrumadora derrota. En un camino polvoriento, dos de los jugadores esperan el paso del tercero, al que hacen responsable del fracaso.

La perdición de los hombres de Arturo Ripstein nació como un corto producido por la televisión española, Dos deudos, al que luego se le agregaron otras dos historias para convertirlo en un largometraje. Sin embargo, la ampliación no resulta arbitraria; al contrario: al desarrollar el pequeño relato inicial con sus consecuencias y sus antecedentes, el cineasta consigue una película que al mismo tiempo que se integra perfectamente al conjunto de su obra, presenta algunas notables novedades, en particular, por su tono de comedia negra.



Muchas veces se ha dicho que Ripstein se repite. Eso es cierto en un sentido: sus películas se parecen en sus temas y obsesiones. Como autor, Ripstein (y Paz Alicia Garciadiego, cuyo aporte como guionista resulta fundamental) presenta un universo personal, coherente y estructurado que reaparece de película en película. Pobreza, decadencia, machismo, misoginia, soledad, inmovilidad, son preocupaciones constantes que aquí remiten a la otra obra de su última etapa ambientada en el medio rural: El imperio de la fortuna. La mirada del director revela un paisaje polvoriento, seco, miserable, donde ni los magueyes, ni los cerros, ni los cielos admiten la menor afectación folclórica, rulfianos en su parquedad y su austeridad. Este despojamiento de todo lo accesorio se contagia a la puesta en escena (o viceversa) que prescinde de todo lujo, comenzado por el color.

La presencia de un humor absurdo, negro y muy corrosivo no es ajena a la obra de Ripstein, por lo menos en películas como Profundo carmesí o Así es la vida (el texto de Patricia Reyes Spíndola, en el que hace referencia a la caja de Fab Limón, por ejemplo, es aterradoramente divertido). Sin embargo, nunca como en La perdición de los hombres, y más allá de la sordidez del asunto, la comedia había sido tan efectiva, sobre todo en el nivel de los diálogos (la plática entre Inclán y Tovar mientras velan al muerto, la constante discusión entre Spíndola y Montoya, el diálogo entre Chávez y el locutor optimista, etcétera), pero también, obviamente, de las situaciones (la lección de danzón, la lucha de las dos mujeres sobre el cadáver, el juego de beisbol).



Segundo largometraje del cineasta realizado en formato digital, La perdición de los hombres es igualmente determinante para el desarrollo de esa nueva técnica en la que Ripstein, junto con unos pocos más, es un adelantado, y que lleva finalmente a la democratización del cine: haciendo mucho más accesibles los equipos, abaratando costos de producción y liberándolo cada vez más de la tiranía de lo económico. La conjunción de estos tres factores (mundo personal y reconocible reelaborado de manera diferente y con una propuesta técnico-formal de avanzada) hace de este filme una obra importante en una carrera iniciada hace ya más de 35 años, que ha llevado a Ripstein a ocupar un lugar de primera línea no sólo en el cine mexicano sino también internacionalmente. Más allá de lo subjetivo y discutibles que siempre son todos los premios, los ganados por La perdición de los hombres en el Festival de San Sebastián son un homenaje a la tenacidad, el rigor y la inteligencia del director.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1118, 10/11/2001)



LA PERDICION DE LOS HOMBRES (México-España, 2000). Realización: Arturo Ripstein / Guión: Paz Alicia Garciadiego / Fotografía: Esteban de Llaca y Guillermo Granillo / Dirección artística: Claudio Contreras Pache / Música: Leoncio Lara Bon / Sonido Andrés Franco / Edición: Carlos Puente / Producción: Laura Imperiale y Jorge Sánchez, Filmanía-Gardenia-Canal Plus-Wanda-Imcine-TVE / Distribución en México: Arthaus / Intérpretes: Patricia Reyes Spíndola (la mujer), Luis Felipe Tovar (el asesino), Rafael Inclán (el cómplice), Carlos Chávez (el muerto), Leticia Valenzuela (la otra), Alejandra Montoya (la hija), Eligio Meléndez (el policía), Ernesto Yáñez (la voz), Osami Kawano/ Duración: 105 minutos.