Lista de espera

En una terminal de autobuses de algún pueblo del centro de Cuba un grupo de personajes espera para viajar. Sin embargo, los pocos camiones que pasan por el lugar van totalmente llenos y la espera se hace cada vez más insoportable. Para tratar de resolver el problema, los pasajeros frustrados deciden arreglar el autobús que se encuentra en la terminal, prácticamente abandonado desde hace tiempo.



Cuando la reparación fracasa y ante el hecho indiscutible de que tendrán que permanecer en el deteriorado lugar, se abocan a trabajar todos en conjunto, para hacer más fácil y agradable su estancia. Poco a poco, las actitudes solidarias se van contagiando y los comportamientos egoístas y desconfiados van desapareciendo, hasta que la originalmente semi-derruída terminal se convierte en el paradisiaco territorio de una singular comuna.

Sexto largometraje del cineasta cubano Juan Carlos Tabío, Lista de espera confirma las virtudes mostradas en sus anteriores trabajos, en particular en los dos primeros, Se permuta (1984) y Plaff (1988), ambas comedias críticas que examinaban con gran efectividad las costumbres, mañas y vicios de la sociedad cubana. Su tercer largometraje, El elefante y la bicicleta (1995), resultó una obra frustrada, en buena medida por que el director decidió abandonarla durante bastante tiempo, mientras apoyaba a su maestro y amigo Tomás Gutiérrez Alea en la muy exitosa Fresa y chocolate (1993), como lo haría posteriormente en Guantanamera (1995).



Como los cinco filmes citados, Lista de espera es una nueva pintura de la idiosincrasia cubana, tanto en lo que tiene que ver con una mentalidad digamos tropical como con ciertas actitudes adoptadas a partir de la revolución de 1959. Así, ambientada durante los años más duros del periodo especial, el filme de Tabío muestra el desinterés y la solidaridad, las pequeñas miserias e hipocresías, el dogmatismo y la falta de compromiso, el miedo y la desconfianza, el egoísmo y la ambición. Del personaje que decide denunciar a quienes han tomado una iniciativa al margen de las autoridades al que decide no meterse por temor a lo que pueda pasar, del que se aprovecha de su supuesta condición de minusválido al que trafica con alimentos, del que espera que todo lo resuelva el estado al que está agobiado por los problemas y el desencanto, todos los pasajeros en Lista de espera atraviesan por una crisis existencial, motivada fundamentalmente por una situación externa: la crisis social y económica de la sociedad cubana.

Cuando descubren que esa situación de encierro (de alguna manera similar a la de El ángel exterminador de Luis Buñuel, como lo hace notar uno de los personajes) puede ser aprovechada en su propio beneficio, cuando se dan cuenta de que muchas de las carencias pueden ser resueltas mediante la iniciativa y el ingenio individuales, y que el trabajo solidario termina beneficiando a todos, esa estación terminal se convierte en una isla en medio de otra isla mayor, y florece. La intención alegórica es evidente. Pero a pesar de la efectividad de su humor, de las buenas viñetas elaboradas por Tabío y sus guionistas y de los acertados apuntes críticos, hay algo que no funciona y es lo que tiene que ver con los alcances reales de este cuento fantástico, de un idealismo y una ingenuidad dignos de Frank Capra.



Porque inevitablemente, Lista de espera lleva al espectador a reflexionar tanto sobre la situación de Cuba como sobre su situación personal. Y ambas, lamentablemente, no pueden resolverse con un cambio de actitud individual. En el mundo real, no alcanza con ser más solidario, más positivo, más ingenioso, más bueno, para que las cosas mejoren, por o menos en un nivel significativo. Las pequeñas mezquindades humanas, sin duda importantes, juegan sin embargo un papel muy secundario con relación a los despiadados e inhumanos poderes que controlan el mundo. Claro que tampoco se le pueden pedir peras a una fábula.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1092, 04/12/2001)



LISTA DE ESPERA (Cuba-España-México-Francia-RFA, 1999) Realización: Juan Carlos Tabío / Guión: Arturo Arango, Senel Paz y Juan Carlos Tabío, sobre un relato de Arturo Arango / Fotografía: Hans Burmann / Dirección artística: Onelio Larralde / Música: José María Vitier / Sonido: Jorge Ruiz / Edición: Carmen Frías / Producción: Thierry Forte, Gerardo Herrero y Camilo Vives, ICAIC-Amaranta-Tabasco Films-Tornasol Films-DMVB Films / Distribución en México: Latina / Intérpretes: Vladimir Cruz (Emilio), Thaimi Alvariño (Jacqueline), Jorge Perugorría (ciego), Saturnino García (Avelino), Alina Rodríguez (Regla), Antonio Valero (Antonio), Noel García (Fernández) / Duración: 106 minutos.