Sin dejar huella

El azar reúne a dos mujeres en un largo viaje desde la frontera norte a Cancún. Una de ellas es Aurelia, madre de dos niños pequeños y obrera en una maquiladora, quien aprovecha la oportunidad para dejar a su galán narcotraficante y huir con una buena cantidad de dinero, dispuesta a iniciar una nueva vida. La otra es Ana o Marilú, traficante de falsas piezas arqueológicas que coloca en el mercado estadunidense.



La primera es perseguida por Saúl, su enamorado, que intenta recuperar su dinero; la segunda, por Mendizábal, un judicial que la asedia obsesivamente. Accidentalmente reunidas en la carretera, Aurelia y Ana no se caen bien, se engañan y se mienten; pero poco a poco, mientras comparten aventuras y peligros, entre ellas va surgiendo una verdadera amistad.

El de María Novaro es un mundo cinematográfico muy coherente y fácilmente reconocible. En sus cuatro largometrajes y aún antes, en el cortometraje Una isla rodeada de agua y en Azul celeste, el episodio de Historias de ciudad, aparecen los mismos personajes enfrentados a situaciones parecidas. El resultado de esa obra es un retrato multifacético de la mujer voluntaria o involuntariamente independiente, vista en sus siempre conflictivas relaciones de pareja, en su igualmente difícil papel de madre, en su lucha por encontrarse a sí misma y por conquistar su lugar. Y es, al mismo tiempo, una pintura muy personal del contexto, el México de los salones de baile, de las ciudades fronterizas, de las fiestas tradicionales y la música popular.



Sin dejar huella agrega dos nuevos personajes a esa galería de criaturas femeninas: Aurelia y Ana. Dos personajes en principio muy distintos (social, económica, intelectual, emotivamente), que sin embargo finalmente demuestran tener mucho en común, por lo menos en lo que a sus aspiraciones se refiere, en lo que buscan y en lo que quieren perder. No es casual que quienes las persiguen, policía y delincuente, sean las caras complementarias de una misma realidad, violenta, corrupta, pero sobre todo, machista. Y es en su huida de ese machismo que las protagonistas de Sin dejar huella (que como toda road-picture tiene mucho de viaje iniciático y de aprendizaje) descubrirán sus puntos de contacto, sus posibilidades de colaboración.

María Novaro ha ganado en oficio. La interacción entre las dos mujeres tiene momentos muy afortunados e incluso la banda sonora seleccionada por Lynn Fainshtein (cuyas músicas generalmente parecen pensadas sólo en función del soundtrack) consigue integrarse a la estructura de la película. Se mantiene, sin embargo, la misma mirada desapasionada sobre el mundo de Lola, Danzón y El Jardín del Edén, que a estas alturas más que un defecto debe considerarse como una característica de su estilo, la búsqueda de una cierta desdramatización, de una distancia emotiva con relación a lo que se está contando y que a veces deja la sensación que todo es muy banal, que nada tiene importancia ni consecuencias.



Quizás las mayores objeciones que se le puedan hacer a Sin dejar huella tengan que ver con su pretexto genérico. La película está narrada como un thriller con las dos fugitivas perseguidas y amenazadas en repetidas veces. Sin embargo, desde este punto de vista la película parece poco rigurosa: la caída del automóvil en el cenote, la muerte en off de Mendizábal, la facilidad con que se deshacen del cuerpo y, sobre todo, de la sangre que tiñe sábanas y cortinas. Y finalmente, queda la impresión de que Ana y Aurelia han dejado tras sí demasiadas huellas. No es que ese sea el tema de la película, ni la preocupación principal de María Novaro. Eso es muy claro. Pero en la medida que se acepta utilizar una estructura predeterminada, hay que respetar sus reglas. O, por lo menos, hacerle creer al espectador que se están respetando y que al final todos los cabos quedaron perfectamente atados.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1090, 03/29/2001)



SIN DEJAR HUELLA (México-España, 2000) Realización: María Novaro / Guión: María Novaro / Fotografía: Serguei Saldívar Tanaka / Dirección artística: Patrick Pasquier / Música: Lynn Fainshtein; canciones varias / Sonido: Nerio Barberis y Juan Borrel / Edición: Angel Hernández Zoido / Producción: Dulce Kuri, Tabasco Films-Altavista Films-Tornasol Films-Imcine-Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad-TVE-Vía Digital-Ibermedia / Distribución en México: Nu Visión / Intérpretes: Aitana Sánchez-Gijón (Ana/Marilú), Tiaré Scanda (Aurelia), Jesús Ochoa (Mendizábal), Martín Altomaro (Saúl), Juan Manuel Bernal (el primo), José Sefami, Silverio Palacios, Santiago Molina, Edmundo Sotelo, Gerardo Taracena / Duración: 120 minutos.