Bailando en la oscuridad

Selma es una inmigrante checa que trabaja en una fábrica de un pueblo estadunidense. Es madre soltera y está perdiendo la vista. Su hijo Gene también corre el riesgo de quedarse ciego, si no es operado a tiempo; para eso, Selma ahorra buena parte de sus escasos ingresos.



Para escapar de la triste realidad, se refugia en el mundo de los musicales hollywoodenses, vive en un universo de fantasía, y al mismo tiempo, con su amiga Kathy, participa en un montaje de aficionados de La novicia rebelde. Ese mundo parece derrumbarse cuando su ya casi total ceguera le impide continuar trabajando en la fábrica y en el teatro, al mismo tiempo que son robados todos sus ahorros. Sin embargo, Selma hará un último sacrificio por su hijo Gene.

Sexto largometraje para cine del danés Lars Von Trier, Bailando en la oscuridad propone un giro radical en relación a su filme anterior Los idiotas (1998). Por lo pronto, el inventor del Dogma reniega de su creación y se aboca a un deslumbrante espectáculo musical que involucra canciones y bailes, por supuesto, y muchos nombres importantes en el reparto (comenzando por la cantante islandesa Björk y Catherine Deneuve). Nada que ver con la austeridad pregonada por Von Trier y sus seguidores: aquí se instala en los tradicionales terrenos del melodrama, respetando sus convenciones formales e ideológicas.



Claro, Lars Von Trier es un cineasta muy inteligente y un virtuoso para jugar con los grandes recursos puestos a su disposición. Y en este sentido, la puesta en escena es muy atractiva. Dos mundos opuestos: una realidad sórdida y opresiva y un universo imaginario luminoso e ilimitado. El primero, por el que se mueve una Selma irremediablemente ciega, tiene la apariencia tosca del registro directo (aunque está muy alejado del documental); el segundo, aquel donde la obrera canta y baila como si estuviera en Hollywood, muestra una estética casi de videoclip (para conseguirlo, según el director, se utilizaron la desproporcionada cantidad de cien cámaras de cine digital).

Esa oposición resulta afortunada, porque Von Trier sabe cómo manipular al público, cómo jugar con sus sentimientos (no es gratuito, además, que una de sus fuentes de inspiración, siempre presente en el filme, sea La novicia rebelde). La habilidad con que el cineasta construye sus apabullantes números musicales lleva al espectador a la euforia. Y de repente, con mano maestra, deja caer un tremendo golpe bajo que lo derrumba en su asiento. Esta técnica se repite una y otra vez, hasta llegar a la apoteótica escena en que Selma y la celadora Brenda (Siobhan Fallon) suben los 107 escalones que conducen al efectivo (y efectista) final.



A un nivel superficial, Bailando en la oscuridad funciona. Vamos, tan bien funciona que en el pasado Festival de Cannes obtuvo los premios a la mejor película y mejor actriz. El problema es que es puro artificio. Detrás de todo ese alarde de maestría y tecnología se encuentra una historia melodramática de las más convencionales, que podría resumirse en las desventuras de una madre pobre pero de gran corazón que termina redimiéndose y alcanzando la gloria cuando se sacrifica por la vida, por los ojos, de su pequeño hijo. No resulta muy original, y además parece poco sincera (es difícil creer que Von Trier sienta algo por lo que está contando).

Tampoco es novedosa la oposición entre los dos mundos que habita la protagonista. En realidad, Lars Von Trier toma prestado de muchas partes y recicla viejos materiales dándoles una apariencia de nuevos. Bailando en la oscuridad tiene puntos en común, tanto con La rosa púrpura del Cairo (1985) de Woody Allen, como sobre todo con la muy interesante Dinero del cielo (1981) de Herbert Ross. Sin embargo, a lo que más se aproxima es a una versión deshonesta y cínica de Nosotros los pobres.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1086, 03/01/2001)



BAILANDO EN LA OSCURIDAD (DANCER IN THE DARK) Dinamarca-Suecia-Francia, 2000 / Realización: Lars Von Trier / Guión: Lars Von Trier / Fotografía: Robby Müller / Dirección artística: Karl Juliusson / Música: Björk / Sonido: Per Streit / Edición: Molly Marlene Stensgaard y François Gedigier / Producción: Vibeke Windelov, Zentropa Entertainment-Trust Film Svenska-Film i Väst-Liberator Productions / Distribución en México: Artecinema / Intérpretes: Björk (Selma), Catherine Deneuve (Kathy), David Morse (Bill), Peter Stormare (Jeff), Joel Grey (Oldrich Novy), Vincent Paterson (Samuel), Cara Seymour (Linda), Jean-Marc Barr (Norman), Vladica Kostic (Gene), Udo Kier (doctor Porkorny) (abogado) / Duración: 139 minutos.