El color del paraíso

Las vacaciones de verano se aproximan y Mohammad, un niño ciego que estudia en un instituto de Teherán, espera la llegada de su padre. Hashem, un hombre viudo y amargado, recoge a Mohammad a regañadientes, pues siente que su hijo es una carga.



En la granja familiar, en el norte de Irán, Mohammad es recibido por su abuela y sus dos hermanas; con ellas, disfruta del verano en contacto con la naturaleza. Su padre, que espera volver a casarse, siente que Mohammad obstaculiza sus planes y decide enviarlo lejos, como aprendiz de un carpintero ciego. Sin embargo, en la granja las cosas se complican: la abuela enferma y la boda se cancela. Finalmente, Hashem debe hacer frente a la responsabilidad que significa su hijo ciego.

Nacido en Teherán en 1959, Majid Majidi saltó a la fama con Los niños del cielo (Bacheha-Ye aseman, 1997), una película que tuvo un gran éxito de taquilla y significó para el cine iraní su primera nominación al Oscar. El color del paraíso confirma las virtudes de su cine y coloca a Majidi en un lugar privilegiado. Quizás no tenga la fama ni el rigor de su compatriota Abbas Kiarostami (El sabor da la cereza, El viento nos llevará), pero sus dos filmes más recientes demostraron que sus obras resultan más atractivas para el gran público. En buena medida, porque al margen de sus temas (los característicos de prácticamente todo el cine iraní conocido fuera de fronteras), Majidi apuesta a una narrativa más próxima a los gustos occidentales, con estructuras dramáticas más convencionales y algunos recursos melodramáticos.



Tal vez sean estos últimos lo menos convincente de sus películas. En Los niños del cielo, la mínima historia de los dos hermanos que debían compartir un único para de zapatos, culminaba en una competencia deportiva con notables dosis de suspenso, que incluía la utilización de la cámara lenta. En el caso de El color del paraíso, Majidi vuelve a ser tentado por la cámara lenta, un recurso que a estas alturas, y sobre todo en el panorama del cine internacional, se ve muy convencional. Pero además, la relación familiar padre-hijo-abuela no evita ciertos lugares comunes que manipulan los sentimientos del espectador oprimiendo conocidos -y efectivos- resortes melodramáticos.

En cambio, Majid Majidi demuestra notables tacto y sensibilidad para abordar el mundo infantil. Algo que después de haber visto las películas de Abbas Kiarostami (¿Dónde está la casa de mi amigo?, Y la vida sigue), Jafar Panahi (El globo blanco) o Ebrahim Foruzesh (La llave), parece una habilidad común a todos los cineastas iraníes. Pero esta vez, Majidi va más lejos, al tener como protagonista a un niño ciego y pintar su relación con el mundo (un mundo, por otra parte de gran belleza visual) mediante los otros sentidos.



Al principio, hay una escena magistral, cuando Mohammad se queda sólo en los jardines de la escuela, mientras espera la llegada de su padre. Mohammad comparte con el espectador su percepción del mundo, fundamentalmente a través de una rica gama de sonidos. Y el espectador descubre que la discapacidad del niño no se convierte en una limitación: lo vemos espantar un gato, descubrir un pequeño pájaro caído del nido, encontrar su nido y trepar al árbol para dejarlo en él. Más adelante, Mohammad experimentará con igual fascinación los sonidos, las texturas y los olores de la granja. Y luego, los del universo de la carpintería, recientemente descubierto.

Fiel a la joven tradición del cine iraní, Majidi se muestra más hábil y convincente cuando se enfrenta a escenas serenas y contemplativas, en las que incluso puede sentirse -como lo afirma el carpintero ciego- "la presencia de Dios" o por lo menos, la fuerza vital de la naturaleza. Los momentos de acción y mayor tensión dramática están resueltos de una manera más rutinaria, y por lo mismo son menos interesantes. De todas formas, El color del paraíso viene a confirmar que la cinematografía iraní se mantiene en un excepcional nivel y se apoya en una serie de extraños nombres que ya se están volviendo comunes para el espectador extranjero.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1085, 02/22/2001)



EL COLOR DEL PARAISO (RANG-E KHODA) Irán, 1999. Realización: Majid Majidi / Guión: Majid Majidi / Fotografía: Hashem Attar y Mohammad Davudi / Dirección artística: Masood Madadi y Asghar Nezhadimani / Música: Alireza Kohandairy / Sonido: Mohammad Reza Delpak / Edición: Hassan Hassandust / Producción: Mehdi Karimi, Ali Ghaem Maghami, Mehdi Mahabadi y Mohsen Sarab, Varahonar / Distribución en México: Romari / Intérpretes: Hossein Mahjoub (Hashem), Mohsen Ramezani (Mohammad), Salime Feizi (abuela), Farahnaz Safari (hermana mayor), Elham Sharifi (hermana pequeña), Behzad Rafice (maestro del pueblo), Mohamad Rahmani (maestro), Morteza Fatemi (carpintero) / Duración: 90 minutos.