Kirikou y la hechicera

Desde el interior del vientre de su madre, el pequeño Kirikou pide nacer, con tal fuerza y decisión que termina por hacerlo él mismo. Descubre que su pequeña aldea africana vive aterrorizada por la hechicera Karaba, culpable de que la comunidad carezca de agua y de que todos los hombres hayan desaparecido (devorados por la bruja, según la creencia generalizada).



Para vencer a Karaba, el pequeño pero muy valiente Kirikou debe realizar varias proezas, entre ellas atravesar la montaña prohibida y encontrar al viejo sabio que puede revelarle el secreto de la maldad de la hechicera. Y conocido ese secreto, el minúsculo héroe tendrá en sus manos la posibilidad de acabar con la maldición que pesa sobre su aldea.

Kirikou y la hechicera tuvo un inicio desafortunado, en plena temporada navideña y enfrentado a las grandes producciones infantiles de la temporada, como El Grinch o Los 102 dálmatas. Sin embargo, a pesar ese lanzamiento desventajoso, supo imponerse por su propia calidad y, si bien no puede decirse que se haya convertido en un gran éxito de taquilla, ha logrado sobrevivir y mantenerse en la cartelera durante siete semanas. El mérito es mayor por tratarse de un largometraje de animación para niños que rechaza el maniqueísmo de las producciones hollywoodenses, con su tajante división entre buenos y malos, y las facilidades de los animales humanizados (aunque se trata de una historia africana). En cambio, el relato tiene una complejidad inusual en este tipo de películas, sobre todo en lo que tiene que ver con la ambigüedad de los comportamientos, pero también con las características del paisaje.



Michel Ocelot, el realizador de Kirikou y la hechicera, tiene una larga carrera en el terreno de la animación, por lo menos treinta años de trabajo durante los cuales ha realizado extraordinarios cortometrajes como Les 3 inventeurs (1979), Les filles de l'égalité (1981), La légende du prince bossu (1982) y Les quatre voeux (1987), filmes que le ganaron un sólido prestigio como un animador hábil, innovador y riguroso. Para Kirikou y la hechicera, su primer largometraje, Ocelot consiguió montar una verdadera coproducción europea, no sólo por la participación de capitales de diferentes países, sino sobre todo por involucrar talleres de animación de Francia, Bélgica, Hungría y Letonia. (Además, hubo una importante participación africana, representada por la música de Youssou N'Dour y las voces originales de los personajes, grabadas en Dakar.)

El resultado fue un gran éxito comercial, no sólo en Francia (donde logró un millón de espectadores) sino también en el extranjero, al grado de que ya está circulando una nueva película de Ocelot, Princes et princesses (realizada originalmente como serie de televisión). Pero más importantes aún son los logros en el terreno creativo, a pesar de que la animación es bastante simple, aunque de una gran belleza. Las influencias, citadas por el propio Ocelot, vienen de las historietas de Hergé, del aduanero Rousseau, del arte egipcio, de los cuentos populares africanos (el cineasta pasó su infancia en Guinea) y de otros relatos infantiles, amalgamados en una inteligente historia fantástica.



Quizás uno de los aspectos más interesantes de Kirikou y la hechicera resida en la pregunta que mueve al pequeño Kirikou: ¿Por qué Karaba es tan mala? La necesidad de encontrar una respuesta a esta pregunta, producto de su ingenuidad infantil, lo lleva a romper con las actitudes estereotipadas de los adultos (y, de paso, del grueso del cine de animación), de temor y rechazo de lo desconocido. Y finalmente, de destrucción de lo que no se comprende. Kirikou no acepta las explicaciones mágicas o irracionales: decide investigar por qué no brota el agua del manantial y descubre una explicación lógica; encuentra el secreto de la maldad de Karaba y consigue curar su sufrimiento y su dolor. Y, al mismo tiempo, el filme propone ver más allá de las apariencias: el pequeño Kirikou puede convertirse en un fuerte guerrero, Karaba cambia radicalmente sin necesidad de deslumbrantes transformaciones físicas.

Película de dibujos animados de una enorme belleza y gran autenticidad (a un espectador acostumbrado al cine hollywoodense no pueden menos que sorprenderlo las imágenes de los niños jugando desnudos y las mujeres con los pechos al aire), Kirikou y la hechicera tiene un solo punto negro: el doblaje al español. La canción final, conservada en su versión original deja ver una riqueza y una intención siempre ausentes en los diálogos y las canciones dobladas. De todos modos, junto con Pollitos en fuga, es uno de los grandes filmes infantiles de la temporada.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1081, 01/25/2001).



KIRIKOU Y LA HECHICERA (KIRIKOU ET LA SORCIERE) Francia-Bélgica-Luxemburgo, 1998 / Realización: Michel Ocelot / Guión: Michel Ocelot y Raymond Burlet / Dirección de animación: Inga Riba / Música: Youssou N'Dour / Edición: Dominique Lefèvre / Producción: Didier Brunner, Jacques Vercruyssen y Paul Thiltges, Exposure-France 3 Cinéma-Les Armateurs-Monopoly-Odec Kid Cartoons-Radio Télévision Belge-Studio O-Trans Europe Film / Distribución: Nueva Era / Duración: 75 minutos / Dibujos animados.