Pequeños milagros

Rosalía trabaja de cajera en un supermercado. A sus 27 años es soltera, virgen y muy ingenua. Bebe continuamente jugo de naranja y ocupa su tiempo libre en leerle a dos ciegos. Además, está convencida de ser un hada: por las noches tiene sueños recurrentes al respecto y después despierta cantando una extraña canción, que nunca ha oído y en una lengua que desconoce.



Y está dotada de poderes excepcionales, como la capacidad de corporeizar objetos o la telekinesis. Por otra parte, Santiago es un astrofísico dedicado a investigar la presencia extraterrestre. Para ello, ha instalado una cámara de video en una parada de camión. A través de ella observa diariamente a Rosalía, realiza incomprensibles operaciones en su computadora y platica con su perro Bassett.

El argentino Eliseo Subiela es un cineasta osado. En veinte años de trabajo y ocho largometrajes, ha creado una obra discutible pero marcada, sin duda, por un sello muy personal. Sobre todo a partir de Hombre mirando al sudeste (1986), fantasía, magia y poesía se integran en un discurso tal vez bastante primario, pero que no deja de tener sus (muchos) adeptos. Director que no tiene reparos en llevar la poesía al cine de una manera literal (haciendo que sus personajes digan a Benedetti, Gelman o Girondo, como en El lado oscuro del corazón, 1992), ni en crear imágenes que casi siempre bordean lo cursi y muchas veces son francamente ridículas, ha conseguido sin embargo tocar ciertas fibras superficiales, para emocionar a los espectadores.



Quizás el nivel en que se mueve Subiela sea bastante vulgar, pero lo cierto es que el director no carece de habilidad, a veces demasiado artificiosa. Muchos se dejaron engatusar, por ejemplo, por aquella escena de Rantés dirigiendo la Novena Sinfonía de Beethoven, mientras todos los loquitos bailaban el Himno a la alegría. Pero junto a imágenes imposibles como Oliverio entregando su corazón palpitante en charola, hay otras mucho más ingeniosas, como la cama pirañera, el robotito que habla con la voz de Carlos Gardel o algunas reflexiones sesenteras de Despabílate amor. Y hay que reconocer que se necesita valor para iniciar una película con el siguiente parlamento: "Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo..."

Pequeños milagros, el séptimo filme de Subiela (el más reciente es Las aventuras de Dios), sigue la misma línea de las obras anteriores. El personaje de Rosalía, la muchacha que se cree hada, tiene muchos puntos en común con aquel Rantés que se decía extraterrestre. Y los monólogos que la muchacha dirige a sus clientes en el supermercado remiten a los de Oliverio en El lado oscuro del corazón. Pero si Darío Grandinetti conseguía darle verosimilitud a sus parlamentos imposibles, Julieta Ortega (por cierto, hija del cantante y político Palito Ortega), no va más allá del recitado.



Es cierto que hay un problema de miscasts, no sólo en la protagonista, sino también en el Santiago interpretado por Antonio Birabent, pero también muchos problemas estructurales en la narración. La segunda historia, por ejemplo, la de Santiago y sus observaciones, resulta tan plana e intrascendente que sale sobrando. De hecho, Pequeños milagros parece una mala copia del cine de Subiela, llena de lugares comunes que se quieren poéticos, poblada de personajes estereotipados y vehículo para un discurso sobre la soledad, la búsqueda de amor y afecto, el sueño y la bondad, que ya había sido planteado con mayor efectividad en ocasiones anteriores.

Donde en posible notar el sello de Subiela es en la cotidianidad de lo fantástico: una hada cajera y luego desocupada, por lo tanto con problemas económicos; con una madre que vive en otro mundo y no la comprende y un padre que huye ante la menor constatación de que el tiempo pasa; una hada que puede encontrarse con tres colegas, mucho menos introvertidas e ingenuas, en un salón de baile. Esta base no está mal construida, lo que falla es lo que Subiela levanta sobre ella: ciegos que ven más que quienes pueden ver, cazadores de extraterrestres, milagros miserables, más que pequeños.

En toda su obra, Eliseo Subiela ha plasmado su filosofía de la vida: ante un mundo cada vez más dominado por lo material, sus armas son la poesía, la locura y el amor. En películas anteriores, y más allá de que se comparta o no su visión del mundo, los personajes volaban, tenían una energía que les permitía derrotar a la muerte, a la soledad, al desamor. Pequeños milagros, a pesar de las enormes alas de Rosalía, nunca puede despegar. Porque no alcanza con leer a Pessoa para que la película sea poética.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1074, 12/07/2000)



PEQUEÑOS MILAGROS (Argentina, 1997) Realización: Eliseo Subiela / Guión: Eliseo Subiela / Fotografía: Daniel Rodríguez Maseda / Música: Osvaldo Montes / Edición: Marcela Sáenz / Producción: Eliseo Subiela, Omar Romay, Susana Castiglione y Ricardo Avelluto, Promisa-INCAA / Distribución en México: Latina / Intérpretes: Julieta Ortega (Rosalía), Antonio Birabent (Santiago), Héctor Alterio (padre de Rosalía), Ana María Picchio (madre de Rosalía), Francisco Rabal (don Francisco), Mónica Galán (Susana), Guadalupe Subiela (hada) / Duración: 100 minutos.