Por la libre

A la muerte de su abuelo, y en vista de que sus padres están más preocupados por el reparto de la herencia que por cumplir la última voluntad del difunto, los primos Rocco y Rodrigo se lanzan a la carretera con la urna que contiene las cenizas, para llegar a Acapulco y echarlas al mar.



En realidad, Rocco y Rodrigo no se soportan y su recorrido conjunto se inicia de manera accidental: Rocco se apropia del auto de su primo, el otro lo persigue y de repente se encuentran juntos en un viaje que los llevará a conocerse y estimarse. Un viaje en el que Rocco descubrirá el amor en la muy guapa María y ambos muchachos se enterarán con sorpresa de que en realidad sabían muy poco sobre su abuelo.

Por la libre, el segundo largometraje de Juan Carlos de Llaca (Ciudad de México, 1962), tiene algunos elementos comunes con su corto de 1993, Me voy a escapar: personajes que deben trasladar de un lugar a otro una urna con las cenizas de un difunto; esa urna suele perderse u olvidarse, y su contenido no siempre es el supuesto (se convierte en azúcar para el café en el corto y en botana chatarra en el largo). Sin embargo, son más las diferencias, y tienen que ver con el camino tomado por el cine mexicano a partir de algunos éxitos de taquilla, como Sexo, pudor y lágrimas y Todo el poder. Esos resultados, que por una parte son muy necesarios para que la producción logre consolidarse en un futuro no muy lejano, por otra han llevado a tomar una conciencia mucho más clara y peligrosa del mercado y sus necesidades.



Como consecuencia, cineastas que en sus comienzos habían llamado la atención por sus interesantes propuestas (Fernando Sariñana en Hasta morir; Juan Carlos de Llaca en sus cortometrajes Debutantes, Padre nuestro y Me voy a escapar), se pliegan ahora a un cine de fórmulas muchos menos arriesgadas. El asunto no tiene nada de malo, en la medida que exista una saludable diversidad; el problema es que ya para muchos ese es el camino del cine nacional: Cilantro y perejil, La primera noche, La segunda noche, Sexo, pudor y lágrimas, Todo el poder, confundiendo el éxito económico con la calidad de las películas. Y sin embargo, son mejores Así es la vida, Su Alteza Serenísima, Crónica de un desayuno, Bajo California, el límite del tiempo o Del olvido al no me acuerdo. (A propósito no he mencionado Amores perros, un caso muy singular.)

Claro que también en este cine llamémosle comercial, existen diferencias entre un filme y otro. Por la libre opone, justamente, esa libertad a que alude el título (que en su sentido más literal se refiere a las dos opciones para llegar a Acapulco: por la carretera libre o por la de cuota), representada fundamentalmente por el personaje de Rocco, con las convenciones y el materialismo de la generación de sus padres, hipócritas sólo interesados en el dinero. Una generación intermedia, metida como cuña entre los viejos españoles idealistas como el abuelo o Felipe y los jóvenes rebeldes como Rocco, que fuma mota y siempre anda greñudo y desaliñado (y Rodrigo, que al final sigue el ejemplo de su primo).



La limitación es que estos apuntes sobre enfrentamientos generacionales y posturas existenciales son demasiado superficiales y están integrados a un relato que hacia la segunda mitad comienza a perder consistencia (la desaparición de la urna en Baby O o la revelación de la identidad de María parecen recursos fáciles). Sin embargo, a pesar de tratarse de una comedia ligera, hay una buena recreación del lenguaje juvenil, cierto humor que en tres o cuatro ocasiones resulta muy efectivo y un reparto de recién llegados al cine que se defiende bastante bien y se identifica con sus personajes, lo que llega a salvar algunos problemas de actuación.

Otro problema es que la mercadotecnia aconseja poner muchas canciones, aunque no vengan al caso, para poder lanzar el soundtrack. Esas canciones, casi siempre son perjudiciales para la película. Sucedió en Todo el poder y en Amores perros y vuelve a suceder en este caso, aunque en menor medida. Sin embargo, la música arruina un momento que hubiera ganado mucho con el silencio: la escena de amor entre María y Rocco, mal acompañada por la canción Yo quiero una mujer de Los amigos invisibles. Y además, están Café Quijano, La Catrina, Fito Páez, Miguel Bosé y muchos otros, que no es que sean malos (o sí, pero importa poco), sino que en general no vienen al caso.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1073, 11/30/2000)



POR LA LIBRE (México, 2000) Realización: Juan Carlos de Llaca / Guión: Antonio Armonía / Fotografía: Checco Varese / Dirección artística: Mónica Chirinos / Música: Gabriela Ortiz; canciones varias / Sonido: Lena Esquenazi / Edición: Jorge García / Producción: Anna Roth, Altavista / Distribución en México: Nu Visión / Intérpretes: Osvaldo Benavides (Rocco), Rodrigo Cachero (Rodrigo), Ana de la Reguera (María), Otto Sirgo (Rodrigo padre), Pilar Ixquic Mata (Pureza), Alejandro Tomassi (Luis), Gina Morett (Perla), Alexia Witt (Irina), Héctor Ortega (Felipe), Xavier Massé (abuelo) / Duración: 98 minutos.