Mi nombre es Joe

Joe es uno de los muchos desempleados de Glasgow. Con un pasado alcohólico que está tratando de superar, sobrevive gracias al seguro y a los pequeños trabajos clandestinos que realiza. Además se dedica a entrenar un equipo de futbol, quizás el peor de la ciudad, integrado por otros jóvenes desocupados.



Uno de ellos es Liam, que estuvo en la cárcel por tráfico de drogas y, con la ayuda de Joe, intenta salir adelante junto a su familia. Sin embargo, tiene deudas con el mafioso local McGowan, quien lo presiona y lo amenaza. Joe decide ocupar el lugar de Liam, para de una vez por todas liberarlo del traficante, pero su actitud le trae complicaciones en su reciente y bastante difícil relación con la asistente social Sarah.

Después de las experiencias no del todo afortunadas de Tierra y libertad (1995) y Espíritu de cristal (1996), ambientadas respectivamente en la España de la guerra civil y en la Nicaragua posterior al triunfo sandinista, Ken Loach regresa a terrenos más conocidos y seguros. En Mi nombre es Joe, continúa la línea de trabajo desarrollada en Riff raff (1991), Lluvia de piedras (1993) y Ladybird, Ladybird (1994), para narrar otra historia de marginados sociales, de víctimas del neoliberalismo británico, de trabajadores sin trabajo que día con día ven más negro su futuro, aunque lo afrontan con un optimismo que de todas formas no permite finales felices y convencionales.



Es posible que el asunto no resulte muy novedoso; sin embargo, el atractivo fundamental de Mi nombre es Joe radica en la lucidez de Loach para abordar temas políticos y sociales y conseguir la difícil amalgama de ideas y emoción. En su cine, la claridad ideológica que le permite analizar el funcionamiento de la economía británica, fundamentalmente en sus repercusiones sobre las clases bajas, trasciende a la fría lección académica y el discurso maniqueo y ejemplar. Como en todas sus historias de ficción, en ésta también consigue conmover al espectador, sacudirlo, hacerlo reír, tocarlo con personajes muy humanos, mucho más complejos que las caricaturas que servirían para demostrar una tesis política.

Loach no oculta su posición. Al contrario. Desde sus inicios en la televisión británica, a mediados de los años sesenta, siempre ha realizado un cine comprometido, de izquierda. Y lo que ahora preocupa al cineasta militante es el papel que debe jugar esa izquierda para encauzar los movimientos sociales y laborales espontáneos, en particular británicos, donde la transición de los conservadores a los laboristas prácticamente no modificó el panorama: "los trabajadores siguen siendo tan explotados como antes", dice Loach. Pero no es mucho lo que puede hacer el cine en este sentido. El mismo director es consciente de que el único cine que tiene una influencia profunda en el gran público, "es el peor cine posible, el más peligroso, el cine de los grandes estudios de Hollywood".



Esta visión personal del mundo se manifiesta generalmente en un cine intimista, en historias de amor como las de Joe y Sarah, o Liam y Sabine, personajes enfrentados a situaciones difíciles, provocadas por circunstancias objetivas. Así, el comportamiento de toda esta gente común, nada heroica en principio, deja ver una fuerza, una energía y un talento excepcionales. Ante un mundo deshumanizado que les niega el trabajo y que, en consecuencia, los arrastra al alcohol, a la droga y al delito, la posibilidad de resistencia de los protagonistas reside en el amor, el valor, la solidaridad y la camaradería, sentimientos y valores siempre presentes en el cine de Loach.

Representante destacado del llamado nuevo realismo europeo, Ken Loach continua una tradición que se remonta tanto a la escuela documental británica como al neorrealismo italiano. La autenticidad de sus rodajes, nacida de la filmación en locación, de la utilización de actores no profesionales y de la manera de manejarlos (mediante una improvisación dirigida), logra grandes momentos, como la escena del robo de las playeras deportivas, en la que la crónica casi documental del hecho tiene, sin embargo, una notable dosis de humor, presente además en toda la película. Las buenas intenciones de Loach, no impidieron que su mirada a España y Nicaragua fuera superficial y bastante esquemática. Afortunadamente, con Mi nombre es Joe recupera su calidad habitual.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1066, 10/12/2000).



MI NOMBRE ES JOE (MY NAME IS JOE) Gran Bretaña-RFA-España, 1998 / Realización: Ken Loach / Guión: Paul Laverty / Fotografía: Barry Ackroyd / Dirección artística: Martin Johnson / Música: George Fenton / Sonido: Ray Beckett / Edición: Jonathan Morris / Producción: Rebecca O'Brien, Parallax Pictures-Road Movies Vierte Production / Distribución en México: Imcine / Intérpretes: Peter Mullan (Joe), Louise Goodall (Sarah), Gary Lewis (Shanks), Lorraine McIntosh (Maggie), David McKay (Liam), Annemarie Kennedy (Sabine), David Hayman (McGowan), Scott Hannah (Scott), James McHendry (Perfume), Paul Clark (Zulu) / Duración: 105 minutos.