El gran amante

Emmet Ray es un extraordinario músico estadunidense de los años treinta, uno de los mayores guitarristas del mundo, sólo superado por el mítico Django Reinhardt. Y no ser el primero, lo obsesiona. En realidad, Emmet tiene varias obsesiones: ver pasar los trenes, dispararle a las ratas, las mujeres...



Sin embargo, profundamente ególatra, vive para su arte y no puede enamorarse, ni dejar que se enamoren de él. Además Emmet no es una buena persona. Explotador de mujeres, jugador, alcohólico, grosero, irresponsable, tiene sin embargo una enorme virtud: su música. Lamentablemente, no fueron muchas las grabaciones que Emmet Ray dejó antes de su misteriosa desaparición, y eso explica que su nombre no sea lo suficientemente conocido.

No es la primera vez que Woody Allen reconstruye una biografía ficticia dándole visos de realidad. Antes está Zelig (1983), película en la que el director creó una compleja serie de falsas imágenes para ubicar al protagonista al lado de celebridades verdaderas y en algunos momentos claves de la historia del siglo XX. En El gran amante (espantoso título que poco o nada tiene que ver con lo que cuenta la película) no existe la complicada manipulación de Zelig. El recurso empleado es más sencillo: varios personajes reales (entre ellos Allen) son entrevistados para que den sus puntos de vista sobre la vida de Ray y su música. Y las entrevistas, presentan una pintura fragmentada y contradictoria del gran músico, una biografía en la que abundan los huecos y los pasajes oscuros, incluyendo su destino final. A partir de los testimonios, la ficción reconstruye algunos momentos de la existencia de Ray.



Como en Balas sobre Nueva York (1994) y El precio del éxito (1998), en El gran amante Allen vuelve a ceder el papel protagónico. Pero a diferencia de los personajes interpretados por John Cusack y Kenneth Branagh, Sean Penn no aparece como un alter ego del propio director. Claro que Emmet Ray no es una criatura ajena a Allen, pero, a diferencia de las otras dos, no intenta imitar sus gestos, sus tics y su forma de hablar, lo que le da sin duda una mayor libertad. Al no ser una sombra de Allen, Penn puede crear un músico complejo y lleno de matices, sin dejar por ello de representar las preocupaciones fundamentales de su creador.

Esas preocupaciones giran en El gran amante alrededor del artista, su neurosis y la forma en que su comportamiento egoísta efecta su vida sentimental. Más mujeriego que gran amante, Emmet Ray es incapaz de sostener una relación estable. Cuando lo logra y se da cuenta, abandona a la muda Hattie, con el argumento de que debe dedicarse sólo a su arte. Un arte, por otro lado, que no alcanza a darle toda la felicidad, por lo que reincide en otras relaciones. Su regreso a Hattie es uno de los grandes momentos del filme: cuando el hombre, que se ufana por haber abandonado a muchas mujeres, no puede ocultar su sufrimiento al encontrarla casada y con hijos.



Si en casi todas las películas de Woody Allen, la música juega un papel importante, en este caso, al tratarse de la biografía de un guitarrista, resulta fundamental para lograr esa atmósfera melancólica que marca la obra. Como lo hizo en Zelig, Dick Hyman es el encargado de crear o recrear la música de Emmet Ray, recurriendo tanto a clásicos como Sweet Georgia Brown como a composiciones originales, todas ellas instrumentales, tocadas en la guitarra por Howard Alden. Gran melómano, Allen vuelve a mostrar aquí su gran conocimiento y su buen gusto musical.

Igualmente sólido es el trabajo visual, tanto en lo que tiene que ver con la efectiva reconstrucción de época, también nostálgica, debida a Santo Loquasto, viejo colaborador de Allen, como con la sutil manipulación del color y las texturas, obra del fotógrafo chino Fei Zhao. En lo que tiene que ver con los actores, Sean Penn y Samantha Morton, consiguen una interacción muy emotiva en toda la primera parte, dando lugar a los momentos más afortunados de El gran amante. Posteriormente, las escenas con Uma Thurman, carecen de la intensidad de las anteriores, aunque incluyen la divertida y confusa historia de la infidelidad de Blanche con el pistolero Al Torrio.

Graciosa de a ratos, pero no especialmente cómica, El gran amante, está narrada en un constante medio tono que da cabida tanto al humor como al melodrama mesurado, y hace de esta criatura ficticia, Emmet Ray, un ser profundamente humano.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1058, 08/17/2000)



EL GRAN AMANTE (SWEET AND LOWDOWN) Estados Unidos, 1999 / Realización: Woody Allen / Guión: Woody Allen / Fotografía: Fei Zhao / Dirección artística: Santo Loquasto / Música: Dick Hyman / Edición: Alisa Lepselter / Producción: Jean Doumanian, Magnolia Productions-Sweetland Films / Distribución en México: Artecinema / Intérpretes: Woody Allen (él mismo), Ben Duncan (el mísmo), Anthony LaPaglia (Al Torrio), Brian Markinson (Bill Shields), Gretchen Mol (Ellie), Samantha Morton (Hattie), Sean Penn (Emmet Ray), Uma Thurman (Blanche), James Urbaniak (Harry), John Waters (Mr. Haynes) / Duración: 95 minutos.