La ventana indiscreta

Inmovilizado en su departamento a consecuencia de una pierna quebrada, el reportero gráfico L. B. Jeffries se aburre en su departamento de Greenwich Village, donde sólo recibe las visitas de una enfermera, Stella, y su joven y adinerada amiga Lisa. Para pasar el rato, Jeff no encuentra nada mejor que espiar a sus vecinos.



Uno de ellos llama especialmente su atención: luego de una violenta discusión con su esposa, ella desaparece. Jeff está convencido de que él la asesinó. Sin embargo, no tiene ninguna prueba del crimen. Para conseguirla, dispone de la ayuda de Lisa, quien se introduce al departamento del presunto criminal. Este, al saberse descubierto y vigilado, se lanza contra Jeff, a quien arroja por la ventana de su departamento, antes de ser detenido por la policía.

No se necesita ser un cinéfilo muy informado para descubrir en la sinopsis anterior una de las obras mayores del inglés Alfred Hitchcock, La ventana indiscreta, ejemplo perfecto de su maestría, como también lo son Los 39 escalones (1935), La dama desaparece (1938), Pacto siniestro (1951), Intriga internacional (1959) y Los pájaros (1963). A casi cincuenta años de su realización y reestrenada con el pretexto de una copia nueva restaurada y remasterizada, la película gana por comparación con el pobre cine hollywoodense actual, ante el cual el thriller de Hitchcock aparece no sólo como un entretenimiento superior sino, al mismo tiempo, como una obra compleja capaz de soportar múltiples interpretaciones y lecturas, y como una elaboradísima construcción formal, de las más exigentes y rigurosas del director.



La riqueza de La ventana indiscreta nace precisamente de esos varios niveles de acercamiento a la obra, capaz de complacer tanto al espectador que busca dos horas de esparcimiento como al que reconoce en Hitchcock a un autor, con un mundo personal y sólidamente estructurado. Existe, en primer lugar, lo que el francés Jean Douchet llama el nivel del portero, el que le interesa a quien va al cine exclusivamente a divertirse. Y en ese nivel, Alfred Hitchcock tiene pocos competidores, sobre todo gracias al descubrimiento de lo que Guillermo Cabrera Infante define, con humor y precisión, como el bacilo de Hitchcock, el miedo demorado, el suspenso. Desde el inicio del filme, el espectador siente que se está metiendo, junto con Jeff, en algo que no le incumbe. Pero cuando aparece el posible descubrimiento de un crimen, el voyeurismo se convierte en una actividad peligrosa, más aún cuando el brazo ejecutor de Jeff es la aparentemente frágil Lisa.

Sin embargo, en un segundo nivel, la historia criminal aparece sólo como una excusa argumental. No es, indiscutiblemente, el tema de la película. La ventana indiscreta gira en torno a un soltero que no quiere perder su libertad y a una joven de sociedad, bastante frívola, que lo asedia para llevarlo al altar. Es en estos terrenos en los que se mueve la película. Y la escena clave, cuando desde el departamento de enfrente, Lisa muestra el anillo de matrimonio, sirve al mismo tiempo para confirmar el asesinato y demostrar claramente el triunfo de Lisa. Jeff, quien se negaba a dar el brazo a torcer, descubre al verla en peligro que Lisa sí es la chica para él. Y desde este punto de vista, lo que se ve en los diferentes departamentos (la señorita Corazones Solitarios, la bailarina, la escultora, el músico al borde del suicidio, la pareja de recién casados en plena luna de miel, la madura pareja del perrito y el asesino y su esposa, no hacen más que comentar y presentar las diferentes alternativas de las relaciones amorosas.



En sus películas estadunidenses, Hitchcock se planteó diversos desafíos técnicos o experimentos narrativos extremos: Náufragos (1943), donde toda la acción está concentrada en un pequeño bote salvavidas, La soga (1948), rodada en aparentemente en un único y largo plano-secuencia, Con M de muerte (1954), en la que se suman una historia encerrada en un solo set y la utilización del recurso, popular en la época, del cine en tercera dimensión. Sin embargo, esos experimentos resultan en ocasiones forzados; aparecen como imposiciones que muestran el enorme virtuosismo de Hitchcock, pero que no siempre tienen una función. En cambio, en La ventana indiscreta, el punto de vista único (desde la ventana de Jeff) es absolutamente necesario: es un elemento clave de la puesta en escena hitchcockiana y, por lo tanto, nunca se siente como una imposición a priori.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1057, 08/10/2000)



LA VENTANA INDISCRETA (REAR WINDOW) Estados Unidos, 1953 / Realización: Alfred Hitchcock / Guión: John Michael Hayes, sobre el cuento de Cornell Woolrich / Fotografía: Robert Burks / Dirección artística: Hal Pereira, Joseph McMillan Johnson, Sam Comer y Ray Mayer / Música: Franz Waxman / Sonido: Harry Lindgren y John Cope / Edición: George Tomasini / Producción: Alfred Hitchcock, Paramount Pictures / Distribución en México: UIP / Intérpretes: James Stewart (L.B. Jeffries), Grace Kelly (Lisa Freemont), Thelma Ritter (Stella), Wendell Corey (Tom Doyle), Raymond Burr (Lars Thornwald), Irene Winston (señora Thornwald), Judith Evelyn (señorita Corazones Solitarios), Ross Bagdasarian (el compositor), Georgina Darcy (señorita Torso), Jesslyn Fax (escultora) / Duración: 112 minutos.