El viento nos llevará

Tres viajeros procedentes de Teherán recorren en automóvil los solitarios caminos del Kurdistán iraní, intentando encontrar su destino: el poblado de Siah Dareh. Aparentemente se trata de un ingeniero en telecomunicaciones, Behzad, y dos subordinados, pero cuando comienzan a rondar por el cementerio corre en rumor de que buscan un tesoro enterrado.



Menos fantástica, la misión del trío parece ser el registro de una ceremonia tradicional que se lleva a cabo cuando alguien muere. En Siah Dareh hay una anciana en su lecho de muerte y los forasteros están al acecho; pero la mujer se resiste a morir y el tiempo pasa.

En un texto escrito para el centenario del cine, el realizador Abbas Kiarostami define sus preferencias cinematográficas: "Es un hecho que las películas sin historia no son muy populares entre el público; sin embargo, una historia también necesita huecos, espacios en blanco como los de un crucigrama, vacíos que estén ahí para que el público los rellene. O, como un detective privado en un thriller, para que los descubra. Creo en un tipo de cine que ofrece grandes posibilidades y tiempo a su público. Un cine a medio crear, un cine inacabado que consiga completarse gracias al espíritu creativo de los espectadores." (Un cine inacabado, 1995)



Esta definición resulta válida para los diez largometrajes dirigidos hasta ahora por Kiarostami, y muy especialmente para El viento nos llevará, en ese sentido una película apenas construida, llena de huecos, de ambigüedades y de situaciones no del todo explicadas. Incluso, la aparente sencillez del estilo del director (¿Dónde está la casa de mi amigo?, Y la vida continúa y en general todas las películas protagonizadas por niños) es puesta en tela de juicio por una obra que resulta la más compleja de su carrera. Tal vez el tema sea menos relevante que el de El sabor de la cereza, pero al mismo tiempo, el discurso de El viento nos llevará es más abierto y menos ejemplar.
Eso no quiere decir que la película no se integre en la línea de trabajo que Kiarostami ha desarrollado en los últimos treinta años, cuando en 1970 comenzó con sus cortometrajes educativos en el Instituto para el Desarrollo Intelectual de la Juventud: utilización de actores no profesionales, rodaje en exteriores la mayor parte de las veces, guiones que permiten un gran margen de improvisación, planos de larga duración en los que, en términos convencionales, es muy poco lo que sucede, etcétera.

Pero aquí, el contenido humanista común ha todo el cine del realizador es menos directo; la enseñanza que se desprende de la historia no es tan clara como en otras ocasiones. Sin duda hubo un aprendizaje durante la estancia de Behzad en Siah Dareh; finalmente, cuando el momento tan esperado ocurre y la anciana muere, sólo toma algunas pocas fotografías. La impaciente espera lo llevó a relacionarse con los lugareños, a no permanecer al margen y ajeno a sus problemas. Al inicio del filme, es pintado como un insensible oportunista, pendiente de su presa. Sin embargo, la relación con el joven Farzad, el escolar que sirve de intermediario entre los forasteros y el pueblo, revela que no es un personaje tan maniqueo: tiene suficientes matices como para que su comportamiento no sea fácilmente predecible.



Alejado del mundo moderno, del progreso y la tecnología, Siah Dareh parece el lugar menos apropiado para hablar de telecomunicaciones. Y el comentario de Kiarostami al respecto es profundamente irónico: cada vez que Behzad recibe una llamada telefónica de sus superiores, su celular no consigue establecer la comunicación; debe subir a su automóvil, abandonar el pueblo y llegar hasta la parte más alta de las colinas que lo rodean para poder hablar. Una escena que se repite varias veces a lo largo del filme y una muestra de ese humor que se ha definido como chejoviano y que se encuentra en casi todas sus películas.

Entre los nombres que destacan en el cine actual, Abbas Kiarostami ocupa un lugar de importancia, tanto por sus filmes y sus premios (Palma de Oro de Cannes para El sabor de la cereza, Espiga de Oro de Valladolid para A través de los olivos), como por su posición como jefe de fila de una cinematografía que en la última década ha llamado poderosamente la atención. En El viento nos llevará, Kiarostami rinde homenaje, mediante el poema del título, a la que quizás sea la mayor poetisa iraní del siglo XX, Forough Farrokhzad, muerta en un accidente automovilístico en 1967, a la edad de 32 años.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1052, 07/06/2013)



EL VIENTO NOS LLEVARA (LE VENT NOUS EMPORTERA / BAD MA RA KHABAD BORD) Irán-Francia, 1999 / Realización: Abbas Kiarostami / Guión: Abbas Kiarostami, sobre una idea de Mahmoud Ayedin / Fotografía: Mahmoud Kalari / Música: Peyman Yazdanian / Sonido: Jahangir Mirshekari / Edición: Abbas Kiarostami / Producción: Marin Karmitz y Abbas Kiarostami, MK2 / Distribución en México: Dirección de Actividades Cinematográficas de la UNAM / Intérpretes: Behzad Dourani y los habitantes de Siah Dareh / Duración: 115 minutos.