En el país de no pasa nada

Enrique, un funcionario del gobierno, aprovecha su posición para realizar negocios ilícitos. Al mismo tiempo, utiliza un supuesto viaje de trabajo como pretexto para engañar a su esposa Elena. Sin embargo, uno de sus empleados hace llegar a Elena un video con las pruebas de la infidelidad. Y, simultáneamente, un taxista que necesita dinero decide secuestrar a Enrique y pagar con el rescate las placas de su vehículo.



Mientras Elena, acostumbrada a vivir en un mundo de fantasía, totalmente al margen de la realidad, busca a la amante de su esposo, los improvisados secuestradores tienen muchos problemas para evitar que su acción fracase por su propia torpeza.

El cine mexicano parece haber encontrado una fórmula de éxito en la comedia; curiosamente hasta ahora un género poco explotado por los cineastas serios, salvo casos excepcionales. Porque lo que había, durante los años setenta y ochenta, era una infracomedia, dizque popular, del tipo de La pulquería, Para que dure no se apure y demás ejemplos de un humor carpero o televisivo degradado. Pero desde el extraordinario resultado en taquilla de Sexo, pudor y lágrimas (1998), de Antonio Serrano, parece que se ha abierto una nueva veta, económicamente muy jugosa: Todo el poder (1999) de Fernando Sariñana, La ley de Herodes (1999) de Luis Estrada, La segunda noche (2000) de Alejandro Gamboa.



Más allá de sus diferencias anecdóticas, todas estas películas tienen varios puntos en común: se trata de comedias ligeras, fundamentalmente románticas (la de Estrada sería la excepción), que abordan en clave humorística algunos asuntos graves: las relaciones de pareja, la violencia urbana, la corrupción política, la iniciación amorosa. Todas están enmarcadas por un contexto fácilmente identificable: el México actual (aunque La ley de Herodes esté ambientada en el pasado, es claro que habla del presente), y dirigidas a un público clasemediero que ha regresado a ver cine nacional.

A este conjunto de películas pertenece el primer largometraje de María del Carmen de Lara, En el país de no pasa nada; una obra en la que aparece buena parte de los temas citados anteriormente y que puede ubicarse a medio camino entre Todo el poder y La ley de Herodes. Más parecida en su historia a la primera, tiene sin embargo la acidez de la segunda; maneja con humor la violencia, los secuestros, la corrupción, la infidelidad y la ambición desmedida, pero evita el final feliz convencional. Hace concesiones, sin duda, pero las controla.



Lo que sorprende es que la carrera anterior de María del Carmen de Lara, de 1983 (cuando salió del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos) a la fecha, se ha desarrollado fundamentalmente alrededor del cine documental (No es por gusto, 1982; No les pedimos un viaje a la luna, 1985) o a lo que se podrían considerar reconstrucciones documentales (Nosotras también, 1994; Decisiones difíciles, 1996). Diecisiete años después y luego de una gran cantidad de trabajos en 16 milímetros y video, puede decirse que su primer largometraje resulta, por lo menos, inesperado.

Pero la sorpresa tiene que ver también con el hecho de que María del Carmen de Lara maneja con oficio los resortes de la comedia, aprovecha muy bien el estupendo reparto (en general, bastante contenido) y, sobre todo, lleva a buen ritmo las distintas acciones, que se entrelazan con efectividad. A pesar de que se involucra a un grupo grande de personajes, todas las anécdotas amarran al final, gracias a un guión bastante sólido en su estructura y muy bien articulado.

De sus películas anteriores a En el país de no pasa nada, María del Carmen de Lara da un gran salto. Sin embargo, hay algunas líneas que las vinculan. La más general tiene que ver con una preocupación por la realidad social, vista ahora en tono de comedia. Pero más en particular, casi todo su cine ha girado en torno a la mujer, y ésta no es la excepción: cuatro mujeres (Elena, Rita, Yadira y Luisa) son las que toman en sus manos las riendas del asunto. Ellas son las que actúan, las que deciden, las que finalmente se imponen. Los hombres tienen un papel mucho más pasivo, son indecisos, dudosos y, sobre todo, parecen incapaces de tomar decisiones.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1048, 06/08/2000)



EN EL PAIS DE NO PASA NADA (México-España, 2000) Realización: María del Carmen de Lara / Guión: María del Carmen de Lara y Laura Sosa / Fotografía: Arturo de la Rosa / Dirección artística: Guadalupe Sánchez y Guillermo Cossío / Música: Eduardo Gamboa; canciones: Julieta Venegas / Sonido: Gabriel Coll / Edición: Sigfrido Barjau y Jorge García / Producción: Laura Imperiale, Alvaro Garnica y Jorge Sánchez; Filmanía-Foprocine-Calacas y Palomas-Altavista Films-Imcine-Cartel-Ibermedia / Distribución en México: Nu Visión / Intérpretes: Fernando Luján (Enrique), Julieta Egurrola (Elena), María Isasi (Rita), Carmen Delgado (Yadira), Alvaro Guerrero (Pedro), Eligio Meléndez (don Jacinto), Laura Sosa (Chayito), Rodrigo Murray (Rosales), Zaide Silvia Gutiérrez (Luisa), Arturo Ríos (Gerardo) / Duración: 98 minutos.