Del olvido al no me acuerdo

El realizador viaja a Jalisco, tierra de origen de su familia paterna, en busca de su padre, el escritor Juan Rulfo. Sin embargo, la reconstrucción de la vida del tal Juan resulta muy azarosa: muchos no lo conocieron y los que lo hicieron hoy no se acuerdan. O en su recuerdo, los datos se contradicen, se mezclan y se van perdiendo.



Finalmente, no es mucho lo que se llega a saber sobre Juan Rulfo; en cambio, a lo largo de las entrevistas con un grupo de viejos entrañables, se rescatan la memoria y el olvido. La Historia desde el punto de vista de las historias individuales, fragmentadas y complementarias; de testimonios que recurren a la evocación mediante el canto y el baile. Retrato de un mundo que parece lejano en el tiempo, pero muy próximo en el plano emotivo.

Dos películas fueron suficientes para convertir a Juan Carlos Rulfo (Ciudad de México, 1964) en el documentalista mexicano más destacado, gracias a su continua presencia en los festivales internacionales y a la cantidad de premios cosechados. Primero fue el corto El abuelo Cheno y otras historias (1994) y luego Del olvido al no me acuerdo, un largometraje de producción bastante lenta y demorada (al grado de que Imcine lo registra como de 1997). Ambas obras son muy diferentes, aunque tienen el mismo punto de partida: la búsqueda de datos del pasado familiar.



Sin embargo, mientras que en la primera, el asesinato del abuelo Juan Nepomuceno Pérez Rulfo en 1923, es fácilmente reconstruible a partir de las entrevistas, la historia mucho más cercana del padre, Juan Rulfo, resulta prácticamente inasible. Entonces, los testimonios van de un lado a otro y con dificultad se dejan integrar a una estructura, aunque no sea convencional. Quizás este hecho explique el largo proceso de edición, de casi dos años, en el que 25 horas de entrevistas se convirtieron en un documental muy singular.
Porque un tema que en principio parece estar claramente definido, la búsqueda del padre (¿quién era Juan?, parece ser la pregunta clave), es convertido por la fuerza de las circunstancias en una amalgama de asuntos mucho menos concretos: el olvido y la memoria, la vida y el envejecimiento, el tiempo que pasa y la aprehensión de un México que ya no es. Y en la película, Rulfo, el padre, deambula como una fantasma, un espíritu al que el realizador buscaba, de alguna forma, aterrizar. Pero se encontró con que cada testimonio lo hacía más etéreo, menos encasillable.

No sólo los viejos de Llano Grande tienen dificultades para referirse a Rulfo. Ni Juan José Arreola ni Jaime Sabines consiguen ahondar en la personalidad del escritor de una manera directa. Ni Manuel Cosío. Incluso el testimonio de su esposa, Clara Aparicio de Rulfo, en su regreso a Guadalajara y a la iglesia en donde se casaron, demuestra la fragilidad del recuerdo, en la que es una de las escenas más fuertes del filme. La única forma de encontrar a Rulfo es mediante la conjunción de todas esas declaraciones dispares y contradictorias, en una especie de collage de personajes y paisajes, ambos casi fantásticos a pesar de ser muy reales.



Obviamente, Juan Carlos Rulfo no busca el documental objetivo, el simple registro de una realidad ajena y distante. Al contrario, la película aparece profundamente marcada por la subjetividad del cineasta, al punto de que en muchos momentos sea difícil marcar sus límites con una obra de ficción. Hay una reelaboración de la realidad objetiva mediante una puesta en escena que busca convertirla en materia cinematográfica, poética. Porque finalmente, la realidad que intenta documentar Rulfo es la realidad de la memoria, de la palabra, de la danza y el sentimiento.

En última instancia, Del olvido al no me acuerdo funciona también como una reflexión sobre el propio género documental y la creación, sobre la manera en que el cine puede convertirse en un testigo privilegiado, centenario pero todavía joven y dispuesto a la aventura. Sobre un documental ambiguo, que juega con sus personajes sin dejar de respetarlos, que se involucra y se compromete sin imponerse y que busca transmitir sensaciones y atmósferas, más que verdades cada día más cuestionables.

(Publicado originalmente en el semanario Tiempo Libre 1047, 06/01/2000)



DEL OLVIDO AL NO ME ACUERDO (México, 1999) / Realización: Juan Carlos Rulfo / Guión: Juan Carlos Rulfo / Fotografía: Federico Barbabosa / Música: Gerardo Tamez / Sonido: Antonio Diego y Evelia Cruz / Edición: Ramón Cervantes y Juan Carlos Rulfo / Producción: María Fernández Suárez, La Media Luna Producciones-Imcine-Producciones Por Marca-Secretaría de Turismo-Instituto Colimense de Cultura-Fonca-Rockefeller and MacArthur Foundation-Fundación Juan Rulfo / Distribución en México: Imcine / Intérpretes: Justo Peralta, Rebeca Jiménez, Juan José Arreola, Jaime Sabines, Clara Aparicio de Rulfo, Manuel Cosío, Jesús Ramírez, Aurora Arámbula, Juan Michel, Eloísa Partida / Duración: 75 minutos.